Escrito por: 3:44 am Latinoamericana, Poesía

¿Por dónde anda Dios?

Nelson Romero Guzmán

 

Como un judío errante va Nelson Romero Guzmán por la poesía, buscando acentos, experimentando, labrando «una voz poética» en cada libro. Presentamos tres poemas inéditos que pertenecen a su libro «Tablas de salvación». Nelson Romero Guzmán ha sido merecedor, entre otros reconocimientos, del 56 Premio Internacional de Poesía Casa de las Américas 2015 y el Premio Nacional de Poesía Ministerio de Cultura de Colombia 2015.

 

 

 

 

 

¿Por dónde anda Dios?

……………………………....Al avanzar no desplazaba sombra alguna,
……………………………….manifestando una audacia poco consumida,
……………………………….aunque su paso fuese bastante vulgar.

…………………………….………………………………….René Char

Dios camina solitario por las autopistas,
Está deslizándose sobre la nieve de los esquiadores,
Está calzándole las herraduras a su caballo de carreras,
Dios está en todas partes
Pero nunca está en donde debiera estar.
Está en los aeropuertos
Revisando las turbinas de los motores,
Pendiente de la hora exacta de salida y entrada de los vuelos.
No puede descuidar el cilindro de gas con la llave abierta,
Está calculando con absoluta perfección
El tiempo y la distancia entre el trapecio lanzado al vacío
Y el momento preciso en que la mano del trapecista lo recibe.
Se pasea por la Oficina de Migraciones
Ayudando a poner los documentos en regla
De quienes vuelan al extranjero.
Dios no está donde debiera estar,
Ambula por las terminales de transporte
Cuidando que alguien no meta la mano
En la valija ajena.
Pasa de una orilla a otra del abismo
Probando la cuerda floja.
Está meciéndose en un columpio
Calculando con el peso de su cuerpo
La resistencia de la cuerda
Y le divierte mecerse en el vacío.
Dios no está donde debiera estar,
En el lugar correcto, oportuno
Donde todos lo necesitan
Corrigiendo la sentencia torcida del magistrado,
Las cuentas mal hechas del señor Ministro de Hacienda,
Los abusos de la Oficina de Pesos y Medidas Generales.
Prefiere estar limando el filo de una lata peligrosa
De un bus destartalado
Para evitarle un accidente a la señora embarazada
Que camina por el Cementerio de Buses de la Estación.
No está donde se le necesita con urgencia,
Debiera estar nivelando con el pulso seguro
Y con la precisión universal de su ojo
Las palancas sueltas de este Titanic que se hunde,
Dando golpes de suerte a los usureros,
Ofreciendo carpas de refugio a los que huyen del fuego
Lanzado a lo largo y ancho de este planeta, sin ton ni son,
Pero sí anda muy ocupado con un tornillo en la rosca,
Con una cuchilla de peluquero atravesada en la boca,
Matándole liendres al tiempo en la sucia cabellera de Neptuno,
Saboreando detectivescamente una patilla para probar
Que no vaya a envenenar el banquete de la reina.
En las noches sale a dar una ronda
Por los billares, jugando con el tramposo
Para corregirlo de sus trucos.
En la madrugada sale para el matadero
A desatar la res, a equilibrar la balanza
Donde el matarife pesará sus culpas.
No se está quieto y asiste a los estadios
A vigilar la imparcialidad del arbitraje
O a meter su pata en una sacada
Para igualar el marcador en el último minuto.
Dios no está donde debiera estar
Destaponando las alcantarillas de la bolsa,
Distribuyendo el rubro correctamente,
Tumbándole la casulla a sus ministros
Y sí está muy pendiente de que la aguja
No atraviese la carne
De la muchacha que sube otro botón a su blusa
Para estallarse un seno.
Se va a las pescaderías, abre púdicamente los ojos de los peces
Para cuidar de que no estén podridos,
Pero nunca está en las fuentes de los ríos
Ni en la extensión de las aguas saladas
Castigando con mano dura a los que arrojan porquerías
A la obra de su creación.
Prefiere entrar a los talleres de los relojeros
A persuadirlos de hacer relojes perfectos
Y de buena calidad porque de ellos depende
La exactitud del tiempo,
Luego sale al patio a orinar contra las matas
Para la buena suerte
Despertando a los gallos de pelea para limar sus espuelas,
Más por mucho que se esfuerce en minucias
No dejan de escapársele muchas cosas,
Que por muy Dios que sea, no podrá resolverlo todo
Y no precisamente porque su obra le haya quedado grande
Sino que todo tiende a desencajarse con mucha facilidad.
No puede estar en tantas partes a la vez
Ajustando todas las palancas, corrigiendo todas las fallas,
Pero si debiera fijarse más en las cosas grandes
Que para eso es Dios.
Maravilloso es verlo levantar este mundo
Con sus nudosos y fuertes brazos de pesista consumado.
Pasa la línea de meta de la etapa más dura de la Montaña
Para que todos le colgamos la medalla de oro de los vencedores
En su pecho de simio peludo, firme y sudoroso.

 

 

Historia del filete y la literatura

Yo escribía, escribía un poema.
Mi madre hervía, hervía un filete.
Ella no sabía escribir poemas.
Por mi parte, yo tampoco sabía
Hervir filetes.
Pero llegó el momento en que su filete,
Entre el hervor, soltó todos sus aromas.
Nunca un mundo tan delicioso salía de unas manos,
Acabado y perfecto.
Si así hubiera sido desde el principio,
Esto no sería el matadero
Donde es poca la cabeza del Bautista en el plato.
El talento prodigioso de mi madre
Envuelta en el resplandor del cuchillo
Corta la carne en envidiables párrafos
Como si redactara sutiles pensamientos,
Lo mismo que si al momento en que enfila y salpica,
Platón estuviera escribiendo su Banquete.
La madre canta para invocar al Ángel de la cocina
Que salta del humo de la cacerola
A hacer su ronda por los cuartos.
El Ángel abandonará la casa al final de la tarde
Cumplido en la ventana su más antiguo rito
De arrancarse los ojos.
Las manos de mi madre saben intuir
El punto exacto de la cocción
Para que sus filetes
Oculten todo el misterio que habrá de atraparnos
Sin dejar descifrarse.
Luego desaparece quedando en su lugar la obra de sus manos.
Así, sin proponérselo, ha superado los pesados tomos de poesía
Apilados en mi biblioteca
Que al menor descuido
Caerán sobre mí, aplastándome.
Ella no sabe —y en eso consiste su grandeza—
Que su olfato es de un gusto poético exquisito
Para convertir en alta literatura
El más despreciable libro de culinaria.
Gracias a sus dotes naturales de artista,
No necesita la escritura para componer esos relatos
Que nunca nos hostigan
Y sí nos proporcionan ese encuentro asombroso
Pocas veces hallado
Entre el contenido y la forma.
Así, el ave arisca del corral
Queda envuelta en el sabor, con todos sus vuelos.
En cualquiera de sus platos da gusto
Engullirse un mundo sin hollejos, nada amargo.
Todo esto iba bien en la intimidad de su oficio,
Hasta que se enteraron de sus gustos literarios
Los curiosos comensales norteamericanos y europeos,
Quienes hambrientos de estructuralismo, estilística
Y otras raras especias
Llegaron a matar sus sazones literarias,
Así, sin permiso fueron entrando a su cocina
Los señores Saussure, Propp, Riffaterre, Barthes,
Greimas, Dámaso Alonso, Derrida, De Man,
Eagleton, Freud, Curtius, Claudio Guillén
Y Humberto Eco, mientras mi madre, inocente, los observa
En la tarde que se llevó los olores de su filete,
Ahora frío, sin el sabor del ave ya sin vuelo entre los platos
De los muy expertos comensales.
Y así termina esta bella y triste historia
Del filete y la literatura.

 

 

 

La venta mayor

Aquí estoy en la plaza del mercado, me ofrecen
Al mejor postor, la lengua ya está vendida,
Es lo que más se pelean los mercaderes
Porque según parece no todo en ella es despreciable.
Pasan y tocan, miden y pesan, y el grito del que me vende
Hace que todos vuelvan a mí sus miradas.
Se acercan otra vez, dudan ante la oferta, piden rebaja,
Algunos se detienen a tocar una parte de mi cuerpo
Como si lo despreciaran y se van, menos mal
No causo mayor atracción a los compradores,
Pero llega un señor gordo con un canasto
Y pide que le corten una cierta cantidad de aquí,
Pasa el cuchillo llevándose lo que le corresponde.
Es más torturante ser vendido por cortes
Que si llevaran la presa entera, alguien se interesa
Por las apetecidas criadillas con las que se hace
Un caldo redentor, el hombre las corta
Con un silbido de satisfacción en su batola blanca.
Esta mañana me trajeron hombres alegres
Que hacen de la venta y de la muerte su felicidad.
Eso sí, cantaban, mientras alzaban
A la altura del pecho los cuchillos
Sacándole filo al corazón, hoy hacemos la venta,
Decían mientras me descargaban sobre el mesón.
Son terribles los ruidos en el mercado
Cuando se vende a un hombre, desaparece el consuelo,
La justicia se esconde detrás de guacales
De tomates podridos y la confianza se vuelve brutal.
Todos estamos solitarios en una plaza.
Los gritos desolados que oyes
Son los de las almas de los carniceros
Que andan desesperadas por las garitas
Pasando, con sus dedos sangrientos,
Hojas de biblia y riñones de vaca
Mientras el cielo se pone a la entrada de la caja registradora.
No hay rebaja cuando se vende a un hombre
Porque, incluso, cebar órganos como el corazón
Y el cerebro, cuesta,
Y cuando la lengua y el corazón ya están vendidos
No se puede chistar. Oigo que recogen, lavan,
Depositan, y el mercado se va quedando solo,
Como si todas las cosas a la vez fueran vendidas
En un mismo instante y queda reinando el vacío.
Solo rondan entre huesos unos perros
Peleándose algún despreciado tasajo de carne
Que comen con rabia y celo,
Mientras el emperador Bruto, bajando por las escaleras del Senado,
Viene con manos sangrientas a cerrar la puerta del mercado
Y de nuevo reina la oscuridad
A espaldas del mundo.

 

 

Nelson Romero Guzmán. Ataco, Tolima (Colombia), 1962. Lic. En Filosofía y Letras por la Universidad Santo Tomás y Magíster en Literatura, Universidad Tecnológica de Pereira en convenio con la Universidad del Tolima. Premio Nacional de Poesía «Fernando Mejía Mejía» por su libro Rumbos (1992); XIV Premio Nacional de Poesía por Concurso Universidad de Antioquia, por el libro Surgidos de la Luz (2000); Premio Nacional de Poesía Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá por Obras de mampostería (2007); 56 Premio Internacional de Poesía Casa de las Américas 2015, otorgado en la Habana a su libro Bajo el brillo de la luna y Premio Nacional de Poesía Ministerio de Cultura de Colombia 2015 por su libro Música lenta, editado en el 2014 por Arte es Colombia, Colección Letras. Otros libros publicados: Apuntes para un cuaderno secreto (en coautoría con la mexicana Kenia Cano, Biblioteca Libanense de Cultura, 2011), Animal de oscuros apetitos (Universidad Externado de Colombia, 2016). Es docente de planta de la Universidad del Tolima, en el IDEAD, y vinculado al grupo de investigación de Literatura del Tolima. Fotografía por Abisinia Review.

La composición que ilustra este post fue realizada a partir de un fragmento la obra Medio tiempo de la artista Camila López

 

año 1 ǀ núm. 6 ǀ julio – agosto  2021
Last modified: julio 15, 2021
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Yo vengo a ofrecer mi poema

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