Escrito por: 5:00 pm Norteamericana, Poesía

Nieve de primavera

Louise Elisabeth Glück

 

Celebramos con esta breve muestra a la reciente Premio Nobel de Literatura 2020, Louise Glück. Poeta norteamericana nacida en Nueva York en 1943 y cuya obra mereció el galardón este año por “su inconfundible voz poética, que con austera belleza hace universal la existencia individual”.

 

 

 

 

El iris salvaje

Al final del sufrimiento
me esperaba una puerta.

Escúchame bien: lo que llamas muerte
lo recuerdo.

Allá arriba, ruidos, ramas de un pino vacilante.
Y luego nada. El débil sol
temblando sobre la seca superficie.

Terrible sobrevivir
como conciencia,
sepultada en tierra oscura.

Luego todo se acaba: aquello que temías,
ser un alma y no poder hablar,
termina abruptamente. La tierra rígida
se inclina un poco, y lo que tomé por aves
se hunde como flechas en bajos arbustos.

Tú que no recuerdas
el paso de otro mundo, te digo
podría volver a hablar: lo que vuelve
del olvido vuelve
para encontrar una voz:

del centro de mi vida brotó
un fresco manantial, sombras azules
y profundas en celeste aguamarina.

 

 

Nieve de primavera

Mira el cielo nocturno:
en mí poseo dos personas, dos clases de poder.

Estoy aquí contigo, en la ventana,
observando tu reacción. Ayer
la luna se alzó sobre la tierra mojada del jardín.
Hoy la tierra brilla igual que la luna,
como materia muerta, encostrada de luz.

Ahora puedes ya cerrar los ojos.
He escuchado tus llantos, también
los llantos anteriores a los tuyos,
y he sido sensible a sus demandas.
Te mostré lo que querías:
no la convicción sino el sometimiento
a la autoridad, que descansa en la violencia.

 

 

 

Lamium

Así se vive cuando tienes un corazón helado.
Como yo: entre sombras, arrastrándose sobre la roca fría,
bajo las copas inmensas de los arces.

El sol apenas me alcanza.
A veces, al comenzar la primavera, lo veo elevarse a lo lejos.
Luego crecen las hojas sobre él, hasta cubrirlo todo.
Siento su brillo entre las hojas, vacilante,
como quien golpea un vaso con una cuchara de metal.

No todos necesitan de la luz
en igual medida. Algunos
creamos nuestra propia luz: una hoja plateada
como un sendero que nadie puede recorrer, un lago de plata
poco profundo bajo la oscuridad de los arces.

Pero esto ya lo sabes.
Tú y aquellos que piensan
que viven por la verdad, y en consecuencia,
aman todo lo que es frío.

 

 

El espino

Al lado tuyo, pero no
de tu mano: así te miro
andar por el jardín
de verano: las cosas
que no pueden moverse
aprenden a mirar. No necesito
perseguirte a través
del jardín; en cualquier parte
los humanos dejan
señal de lo que sienten, flores
esparcidas en el polvo del camino, todas
blancas y doradas, algunas
levemente alzadas
por el viento de la tarde. No necesito
seguirte adonde estás ahora,
hundido en la ponzoña de este campo, para
saber la causa de tu huida, de tu humana
pasión, de tu rabia: ¿por qué otra cosa
dejarías caer todo aquello
que has acumulado?

 

 

 

Malahierba

Algo
llega al mundo sin ser bienvenido
y llama al desorden, al desorden.

Si tanto me odias
no te molestes en buscar
un nombre para mí: ¿necesitas
acaso un desdoro más
en tu lenguaje, otra
manera de culpar
a la tribu por todo?

Ambos lo sabemos,
si adoras a un dios, necesitas
sólo un enemigo.

Yo no soy el enemigo.
Sólo soy una treta para ignorar
lo que ves que sucede
aquí mismo en esta cama,
un pequeño paradigma
del fracaso. Una de tus preciosas flores
muere aquí casi a diario
y no podrás descansar
hasta enfrentarte a la causa, es decir,
a todo lo que queda,
a todo aquello que es más fuerte
que tu pasión personal.

No estaba escrito
permanecer para siempre en este mundo.
Pero por qué admitirlo, si puedes seguir
haciendo lo de siempre,
lamentándote y culpando,
las dos cosas a la vez.

No necesito que me alabes
para sobrevivir. Llegué aquí primero,
antes que tú, antes
de que sembraras un jardín.
y estaré aquí cuando el sol y la luna
se hayan ido, y el mar, y el campo extenso.

Y yo conformaré el campo.

 

 

Del libro Iris salvaje, ganador del Premio Pulitzer, 1993. Editorial Pretextos
Traducción: Eduardo Chirinos

 

 

Louise Glück. Poeta norteamericana nacida en Nueva York en 1943. Premio Nobel de Literatura 2020, según la Academia Sueca por “su inconfundible voz poética, que con austera belleza hace universal la existencia individual”. Se graduó en 1961 en Hewlett High School de Nueva York, y luego asistió al Sarah Lawrence College y Columbia University. Es una de las figuras relevantes de la poesía contemporánea norteamericana, con títulos tan importantes como Firstborn, 1968, House on the Marshland, 1975, Descending Figure, 1980, The Triumph of Achilles, 1985, Ararat, 1990, The Wild Iris, 1992, Meadowlands, 1996, The SevenAges, 2001, y Averno, en 2006. En 1994 reunió sus ensayos sobre poética bajo el título Proofs and Theories. Ha recibido numerosos premios, entre los que se destacan el Premio Pulitzer 1993 por el Iris salvaje, el National Book Critics Circle Award por The Triumph of Achilles, el Academy of American Poet’s Prize por Firstborn, la Medalla al Mérito MIT, además de varias becas de las fundaciones Guggenheim y Rockefeller. Actualmente ocupa la cátedra de Literatura en la Universidad de Yale. Fotografía: Don Usner.

La composición que ilustra este post fue realizada a partir de un diseño de Lisk Feng 

 

año 1 ǀ núm. 1 ǀ septiembre – octubre 2020
Last modified: noviembre 12, 2020
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