Written by 12:26 am Norteamericana, Poesía

La universidad continental de la belleza

Mark Strand

 

Viajes

A lo mejor fue precisamente en las afueras de Múnich o de Roma, o en la carretera nueva de Santos a São Paulo. A lo mejor fue en Nueva York justo después de la guerra, o en Budapest o en Sídney, y ahora se me antoja que fue en Miami. Me la pasaba viajando. Cuando me besó, cuando se quitó la ropa y me imploró que me quitase la mía, a lo mejor estábamos en Praga. Cuando el viento quebró las ramas de los árboles y destrozó los ventanales, estábamos en Estocolmo o a lo mejor muy cerca. Son demasiados los lugares para poder recordarlos todos. Demasiados los sitios turísticos. Pudo haber sido en Fili. No lo sé. No recuerdo cómo se llamaba, sólo sé que estaba sentada a mi lado y que me metió la mano en el bolsillo, más bien la deslizó. Después me dijo que nunca había pasado la noche sola, y por eso nos acostamos, aunque de vez en cuando se quedaba dormida. Me mantuve mirando la luna. Pero lo que estoy contando pasó antes de Fili, en aquellos días funestos en que me enlagunaba después del desayuno. Llovía a cántaros y nunca abría las persianas. Nada me hacía recordar dónde me encontraba. No estoy seguro, pero a lo mejor fue en Londres. Me agarró la mano, luego se quitó la ropa y posó para mí, desfilando de aquí para allá. Creo que mencionó Bermudas. Creo que fue allí donde me aprisionó entre sus piernas, en aquel cuartico junto al mar. No puedo asegurarlo. Han pasado tantas cosas. Tantos días han perdido su brillo. Los kilómetros que he recorrido aún siguen desentrañándose. El aire está teñido de neblina. Los precipicios deben de estar más cerca de lo que aparentan. No puedo asegurarlo. Nada queda ya de los antiguos júbilos, nada del destello ni del vigor, nada del dolor que siempre termina enviándome a otro sitio.

 

Travel

It might have been just outside Munich or Rome or on the new road between Santos and São Paulo. It might have been in New York right after the war or in Budapest or Sydney, and now Miami comes to mind. I was always traveling. When she kissed me, when she took off her clothes and begged me to take off mine, we might have been in Prague. When the wind broke tree limbs and shattered windowpanes, we were in Stockholm or almost there. So many places to keep track of. So many sights. It might have been in Philly. I don’t know. I can’t recall her name, but she sat next to me and put her hand in my pocket, just slipped it in. Later she told me she never spent a night alone, so we climbed into bed and she kept falling asleep. I kept my eyes on the moon. But what I’m talking about happened before Philly, during the dark days when I would lose track of what happened after breakfast. The rain was so heavy, I never opened the blinds. There was nothing to remind me of where I was. I’m not sure, but it might have been in London. She held my hand, then took off her clothes and posed before me, turning this way and that. I think she mentioned Bermuda. I think it was there that she wrapped her legs around me, there in that small room by the sea. I can’t be sure. So much has happened. So many days have lost their luster. The miles I’ve gone keep unraveling. The air is tinged with mist. The cliffs must be closer than they look. I can’t be sure. None of the old merriment is here, none of the flash and vigor, none of the pain that kept sending me elsewhere.

 

 

La Universidad Continental de la Belleza

Cuando la Universidad Continental de la Belleza abrió sus puertas
nos encontramos con los corredores repletos de viejos maestros
y con salones donde cuerpos desnudos pereceaban sobre pisos
de mármol. Y nos conmovimos, aunque no lo suficiente para quedarnos.
Continuamos con premura hasta llegar hasta el patio cubierto de maleza.
Esto también nos conmovió, pero al instante ya estábamos dormitando.
Amanecía, una bruma malva surgía del mar, las colinas
costeras comenzaban a enrojecerse y algunas personas
en la playa estallaron en llamas. Éste fue el inicio de algo nuevo.
Las llamas se extinguieron. El sol siguió su curso.
Y con las primeras luces, los lagos del interior ostentaron sus escamas
y las montañas cubrieron el valle de una sombra luz azul y fría
y los pueblos remotos despertaron. . . esto era lo que aguardábamos.
Con qué rapidez surgió a la vista el maravilloso mundo inconcluso
cuando la Universidad Continental de la Belleza abrió sus puertas.

 

 

 

The Continental College of Beauty

When the Continental College of Beauty opened its doors
We looked down hallways covered with old masters
And into rooms where naked figures lounged on marble floors.
And we were moved, but not enough to stay. We hurried on
Until we reached a courtyard overgrown with weeds.
This moved us, too, but in a moment we were nodding off.
The sun was coming up, a violet haze was lifting from the sea,
Coastal hills were turning red, and several people on the beach
Went up in flames. This was the start of something new.
The flames died down. The sun continued on its way.
And lakes inland, in the first light, flashed their scales,
And mountains cast a blue, cold shade on valley floors,
And distant towns awoke. . . this is what we’d waited for.
How quickly the great unfinished world came into view
When the Continental College of Beauty opened its doors.

 

 

 

Ficción

Pienso en las vidas inocentes de las personas
en las novelas que saben que morirán pero no
que la novela terminará. Cuán diferentes son
de nosotros. Aquí, a través de las nubes dispersas,
la luna mira estúpidamente hacia abajo sobre
el pueblo dormido, y el viento arremolina las hojas
muertas y alguien (o sea yo), arrellanado en su silla,
hojea las páginas que faltan, sabiendo que no les queda
mucho tiempo al hombre y a la mujer en el cuarto
alquilado, a la luz roja sobre la puerta, a la flor de lis
arrojando su sombra sobre la pared; no les queda mucho
tiempo a los soldados debajo de los árboles que bordean
al río, ni a los heridos que transportan a las ciudades
del interior donde permanecerán; la guerra
que hizo estragos durante años llegará a su fin,
al igual que todo lo demás, salvo una presencia
difícil de definir, un rastro, como el aroma del césped
después de una noche de lluvia o como los vestigios
de una voz que nos dice, sin precisárnoslo,
que no debemos perder las esperanzas;
si el fin ha llegado, éste también pasará.

 

 

 

Fiction

I think of the innocent lives
Of people in novels who know they’ll die
But not that the novel will end. How different they are
From us. Here, the moon stares dumbly down,
Through scattered clouds, onto the sleeping town,
And somebody—namely me—deep in his chair,
Riffles the pages left, knowing there’s not
Much time for the man and woman in the rented room,
For the red light over the door, for the iris
Tossing its shadows against the wall; not much time
For the soldiers under the trees that line
The river, for the wounded being hauled away
To the cities of the interior where they will stay;
The war that raged for years will come to a close,
And so will everything else, except for a presence
Hard to define, a trace, like the scent of grass
After a night of rain or the remains of a voice
That lets us know without spelling it out
Not to despair; if the end is come, it too will pass.

 

Traducción: Miguel Falquez-Certain
Poemas tomados de The Continuous Life. New York, Alfred A. Knopf, 1990.

 

 

Mark Strand (Summerside, Isla del Príncipe Eduardo, 11 de abril de 1934 – Brooklyn, Nueva York, 29 de noviembre de 2014). Poeta, ensayista, editor y traductor estadounidense nacido en Canadá. Autor de más de veinte poemarios y cuatro libros de prosa. Traductor del quechua, de Carlos Drummond de Andrade y Rafael Alberti, entre otros. Poeta laureado de los Estados Unidos (1990-91), Premio Pulitzer por su poemario Blizzard of One (1999) y premio Wallace Stevens a su carrera (2004). Fue profesor de literatura y creación literaria en la Universidad de Columbia (2005-2014) hasta su muerte.

La composición que ilustra este post fue realizada a partir de una ilustración de Mark Strand 

 

año 1 ǀ núm. 2 ǀ noviembre – diciembre 2020
Etiquetas: , , , , , , , Last modified: noviembre 30, 2020
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