Escrito por: 12:46 am Latinoamericana, Poesía

Mis tres poemas argentinos, según Hugo Mujica

Hugo Mujica

 

Este dossier lo creamos para ir a la caza de joyas de la literatura y para rendirle un pequeño homenaje al lector de poesía. Le preguntamos al poeta Hugo Mujica: “¿Cuáles son tus tres poemas argentinos esenciales desde tu experiencia como lector y desde tu sensibilidad como creador?”. Y, sin solicitarle argumentaciones, esta fue su respuesta:

 

Voces

El rosal: lo has visto con infinidad de rosas, lo has visto con una sola rosa, lo has visto sin ninguna rosa. Y no lo has visto nunca con una rosa de más ni una rosa de menos. Es que has visto el rosal.


Antonio Porchia

Del libro Voces, Buenos Aires, 1943.

 

 

Cantata sombría

Me encojo en mi guarida; me atrinchero en mis precarios
…………..bienes.
Yo, que aspiraba a ser arrebatada en plena juventud por un
…………..huracán de fuego
antes de convertirme en un bostezo en la boca del tiempo,
me resisto a morir.
Sé que ya no podré ser nunca la heroína de un rapto
…………..fulminante,
la bella protagonista de una fábula inmóvil en torno de la
…………..columna milenaria
labrada en un instante y hecha polvo por el azote del relámpago,
la víctima invencible —Ifigenia, Julieta o Margarita—,
la que no deja rastros para las embestidas de las capitulaciones
…………..y el fracaso,
sino el recuerdo de una piel tirante como ráfaga y un perfume
…………..de persistente despedida.
Se acabaron también los años que se medían por la rotación
…………..de los encantamientos,
esos que se acuñaban con la imagen del futuro esplendor
y en los que contemplábamos la muerte desde afuera, igual
…………..que a una invasora
—próxima pero ajena, familiar pero extraña, puntual pero
…………..increíble—,
la niebla que fluía de otro reino borrándonos los ojos, las
…………..manos y los labios.
Se agotó tu prestigio junto con el error de la distancia.
Se gastaron tus lujosos atuendos bajo la mordedura de los años.
Ahora soy tu sede.
Estás entronizada en alta silla entre mis propios huesos,
más desnuda que mi alma, que cualquier intemperie,
y oficias el misterio separando las fibras de la perduración y
…………..de la carne,
como si me impartieran una mitad de ausencia por apremiante
…………..sacramento
en nombre del larguísimo reencuentro del final.
¿Y no habrá nada en este costado que me fuerce a quedarme?
¿Nadie que se adelante a reclamar por mí en nombre de otra
…………..historia inacabada?
No digamos los pájaros, esos sobrevivientes
que agraviarán hasta las últimas migajas de mi silencio con su
…………..escándalo;
no digamos el viento, que se precipitará jadeando en los
…………..lugares que abandono
como aspirado por la profanación, si no por la nostalgia;
pero al menos que me retenga el hombre a quien le faltará la
…………..mitad de su abrazo,
ese que habrá de interrogar a oscuras al sol que no me alumbre
tropezando con los reticentes rincones a punto de mirarlo.
Que proteste con él la hierba desvelada, que se rajen las piedras.
¿O nada cambiará como si nunca hubiera estado?
¿Las mismas ecuaciones sin resolver detrás de los colores,
el mismo ardor helado en las estrellas, iguales frases de Babel
…………..y de arena?
¿Y ni siquiera un claro entre la muchedumbre,
ni una sombra de mi espesor por un instante, ni mi larga
…………..caricia sobre el polvo?
Y bien, aunque no deje rastros, ni agujeros, ni pruebas,
aun menos que un centavo de luna arrojado hasta el fondo
…………..de las aguas
me resisto a morir.
Me refugio en mis reducidas posesiones, me retraigo desde mis
…………..uñas y mi piel.
Tú escarbas mientras tanto en mis entrañas tu cueva de raposa,
me desplazas y ocupas mi lugar en este vertiginoso laberinto
…………..en que habito
—por cada deslizamiento tuyo un retroceso y por cada zarpazo
…………..algún soborno—,
como si cada reducto hubiera sido levantado en tu honor,
como si yo no fuera más que un desvarío de los más bajos
…………..cielos
o un dócil instrumento de la desobediencia que al final
…………..se castiga.
¿Y habrá estatuas de sal del otro lado?

 

Olga Orozco 
Del libro Relámpagos de lo invisible. Antología, 2009.

 

 

Tiroteo en la noche

Una caliente contracción en el indefenso espacio
y los fogonazos en la oscuridad
nos arrojan a una épica impura.
Cada cosa es un blanco paralizado
bajo el ojo instantáneo del cazador. No es ésta
nuestra última cena, pero en las habitaciones
la época introduce más muertos
de los que merecemos. En el silencio que sigue
no hay ninguna explicación
sino una brusca asfixia en medio de la comida.
La mesa familiar es ahora
un centro fracturado. Nadie quiere la historia
en su plato de sopa, el síncope
detrás de la puerta. Pero el terror
nos acerca un combate donde arder a fondo:
ningún crimen es una verdad aislada.
La noche nos incluye y hay todavía un último disparo
distanciado e irónico: allá afuera
alguien se ha tomado su tiempo
para liberar nuestro juicio atascado.
Lo que ha sucedido busca equilibrio
en el cerebro. Un escalofrío en la vajilla
le pertenece y su bala final
ha definido la situación un sitio para nosotros
en la ardiente comunidad de la cacería.

 

 

Joaquín Giannuzzi

Del libro Cabeza final, 1991

 

La composición que ilustra este post fue realizada a partir de una fotografía de Jano, nuestro modelo canino.

 

año 1 ǀ núm. 2 ǀ noviembre – diciembre 2020
Last modified: diciembre 19, 2020
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