Written by 3:36 am Minificción, Narrativa

…En un pajar / …In a haystack

Tomás del Rey

 

Tomás del Rey, escritor español, es licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua y Literatura en Sevilla. Es autor del libro de relatos y minificciones de asunto metaliterario, Yo, que tantos hombres he sido (2020), que ha alcanzado ya la segunda edición. Ofrecemos en el presente número de Abisinia Review seis de sus minicuentos en edición bilingüe castellano-inglés en la traducción de Isabel Márquez Méndez.

 

 

 

Normal

—¿Completamente?
—Completamente. Puedes quedarte tranquila, hija.

Pero no se queda tranquila. Está en esa edad en la que a nadie le gusta lo que encuentra en el espejo. Se pasa la mano por sus mejillas completamente lisas, sin granos, imperfecciones ni vello alguno, mientras mira fijamente la sombra negra que empieza a aflorar otra vez en las mías. Le acaricio la cabeza y le doy un beso. Al menos hoy no me lo rechaza. Ni siquiera la protesta de siempre («¡Jo, mamá, pinchas!») Yo sigo preparando la cena y ella en su silencio hosco. Le repito que muy pronto los muchachos se pelearán por salir con una chica tan guapa y tan bien proporcionada.

Nos interrumpen los ruidos del exterior, que se cuelan cuando se abre la puerta de la caravana. Son los ecos de los últimos aplausos, junto a gritos de horror y algunas carcajadas. Ellos regresan hambrientos y eufóricos. Las siamesas suben en brazos el tronco sin extremidades de su padre. Luego, en la cena, les brillan los ojos al repasar cada detalle de su actuación de esta noche. Solo ella permanece impasible. Hasta que, con el postre, estalla al fin:

—Pero es que yo no quiero ser normal, mamá.

Inédito

 

 

Normal

“Completely?”
“Completely. No need to worry, love”.
But she does worry. She is at that age when no one likes what they find in the mirror. She runs her hand over her completely soft cheeks, no pimples, imperfections or any trace of hair, and stares at the black shadow which is beginning to show again on mine. I stroke her head and kiss her. At least today she doesn’t turn her face away. Not even the usual complaint (“ouch mum, you’re prickly!”). I go back to cooking dinner and she to her sullen silence. I tell her again that very soon the boys will be tumbling over each other to date a girl that pretty, of such proportionate beauty.
We’re interrupted by the noises outside, which sneak in when the caravan door opens. It’s the echos of the last round of applause, mixed with screams of horror and some bouts of laughter. They come back hungry and euphoric. The siamese twins heave up their father’s armless, legless body. Later, during dinner, their eyes sparkle while they go over every detail of that night’s performance. Only she stays impassive. Until, over dessert, she finally explodes:
“But mum, I don’t want to be normal”.

 

 

 

Nuevo mundo

Procuramos no llevarles la contraria. Ya hemos visto cómo se las gastan cuando se enfadan. Nos han descubierto, dicen, y llaman Las Indias a esta tierra. Así que, por complacerles, indios nos llamamos. Nos hablan de civilización, blandiendo alternativamente sus dioses y sus armas. Nosotros ya vivimos otras guerras de conquista, con todos sus males y desgracias, así que procuramos que nos consideren conquistados. Por eso, cuando los ojos les brillan de codicia, y nos exigen que les llevemos a nuestros tesoros, allá les encaminamos: a lo más bello y profundo de la selva, adonde es tan difícil llegar, de donde casi nadie vuelve.

Inédito

 

 

New world

We do our best not to argue with them. We have seen what they’re like when they get angry. They have discovered us, they say, and they call these lands The Indies. And so, to please them, Indians we call ourselves. They speak of civilization, brandishing their gods and their weapons by turns. We have lived through conquest wars before, with all their evils and miseries, so we do our best to come across as conquered. That is why, when greed shines in their eyes and they demand we lead them to our treasures, that is where we take them: to the most beautiful depths of the jungle, so difficult to reach, from where hardly anyone comes back.

 

 

 

El náufrago

Peláez, que siempre llega el primero a la oficina, la descubrió una mañana, plantada encima de su mesa. Era una choza de medianas dimensiones, fabricada con las tiras entretejidas de la destructora de documentos. Dentro vivía un barbudo, que lo miró con ojos erráticos.

—Jefe, tenemos un náufrago.
—¿No será simplemente un pobre?

Peláez tenía experiencia esquivando pobres en la calle: no, aquella barba y aquellos harapos eran indudablemente de náufrago. Nos convocaron a una reunión urgente. El de mantenimiento culpó a las humedades. El nuevo coach, por su parte, dijo que aquello se resolvía con risoterapia y respiración consciente.

Semanas después, Ramírez logró endosárselo a la empresa de viajes tematizados de la competencia. Sería el complemento perfecto para una de sus islas paradisiacas de pulserita y aventuras. Hoy mismo han presentado concurso de acreedores. Nosotros, en cambio, seguimos a flote.

Inédito

 

 

The castaway

Peláez, always the first one to arrive at the office, found it one morning planted atop his desk. It was a medium-sized hut, made of interweaved scraps of paper from the document shredder. Inside lived a bearded man, who stared at him with erratic eyes.
“Boss, we have a castaway”
“Couldn’t it just be a beggar?”
Peláez had some experience avoiding beggars on the street: no, that beard and those rags were undoubtedly those of a castaway. We were summoned for an emergency meeting. The maintenance guy blamed it on the damp. The newly appointed young coach for Employee Wellbeing said that this could all be solved with Laughter Therapy and Conscious Breathing.
Weeks later, Ramírez managed to unload him on our competitors’ themed holiday company. It would make the perfect accesory for one of their paradise islands of wristbands and adventure. They have just declared bankrupcy today. We, on the other hand, remain afloat.

 

 

 

Atención al cliente

Examinando con calma el contrato con el que el banco insistió en mejorar nuestra hipoteca, descubro al fin por qué ese señor de corbata lleva meses viviendo en el salón. Resulta que es un nuevo servicio para garantizar que hacemos el mejor uso posible del inmueble. Al principio, imagino que por timidez, se limitaba a opinar sobre las cortinas y los cojines. Luego fue interviniendo en la educación de nuestros hijos. Da gusto ver cómo los mantiene a raya. Esta mañana le ha llevado el desayuno a la cama a mi mujer y la ha llamado «cariño». En la próxima encuesta de satisfacción pienso ponerle tres caritas sonrientes.

Inédito

 

 

Customer service

After a closer reading of the contract that the bank suggested we sign to improve our mortgage plan, I finally find out why that man in the tie has been staying in our living room all these months. As it turns out, it’s a new service they provide to ensure that we make the best posible use of the property. At first —still a bit shy, I suppose— he merely gave opinions on the curtains and cushions. Then he became involved in our kids’ education. It is a joy to see how he keeps them in check. This morning he brought my wife breakfast in bed and called her “darling”. On the next customer satisfaction survey I will be sure to give him three smiley faces.

 

 

 

Durandarte

«Mira, un poco más allá está la Brecha de Rolando.» El grupo avanzaba trabajosamente sobre la nieve, huyendo, siempre huyendo. El moscardoneo de los aviones a lo lejos les recordaba la posibilidad de un nuevo ataque, como cuando en verano bajaban al río y un panal de avispas los amenazaba con su zumbido adormilado. El abuelo Blas, entre jadeos, rompía el silencio pesaroso con sus historias:

«Cuenta la leyenda que un caballero, Rolando, no quiso que su espada cayera en manos del enemigo, así que decidió destruirla golpeándola fieramente contra la roca. Pero fue la espada la que destruyó la roca y todavía hoy la montaña conserva el bocado, como una brecha entre España y Francia».

De pronto, un muro vertical les cerraba el paso. El camino hacia Francia parecía rehuir a los improvisados guías. Todos pararon, demasiado cansados para el desaliento siquiera. Solo el niño se soltó de la mano del abuelo y, con una carrera furiosa, le arrebató al miliciano su fusil, ya tan inútil, tirado en el suelo. Nadie, salvo la madre aterrada, movió un músculo. Todo el grupo, paralizado y sonámbulo, contemplando cómo sus manos oscuras, diminutas, apenas capaces de sostener el arma por sí solas, golpeaban una y otra vez la pared inexorable con la culata. Pero a nadie le quedaban ya fuerzas para esperar un milagro.

De Yo, que tantos hombres he sido, Maclein y Parker, 2020

 

 

Durandal

“Look, there’s Roland’s Breach a little further on”. The group trudged through the snow, fleeing, always fleeing. The buzzing of planes in the distance kept them aware of the possibility of another strike, like when they used to go down to the river in the summer and a nest of wasps threatened them with its sleepy hum. The miserable silence was broken by Grandpa Blas panting out his stories:
“Legend has it that this knight Roland didn’t want his sword to fall into enemy hands, so he decided to destroy it by driving it fiercely against the rock. But it was the sword that destroyed the rock, and even today there’s the dent on the mountain, like a breach between Spain and France”.
Suddenly, a vertical wall blocked their way forward. The road to France seemed to elude the makeshift guides. Everyone stopped, too tired even for dismay. Only the child freed himself from his grandfather’s hand and, in a furious sprint towards the partisan, wrenched away his rifle, now so uselessly lying on the ground. No one, save his terrified mother, moved a muscle. The entire group, sleepwalking, paralysed, watched as his dark, tiny hands, barely capable of holding the weapon by themselves, hit the butt time and again against the unremitting wall. But no one had any strength left, nor any hope for a miracle.

 

 

 

…En un pajar

El muchacho entendió al fin que no merecía la pena consumirse en aquella búsqueda absurda. Así que hizo caso a nuestros consejos y fue práctico. Aquellas alpacas de paja eran ideales para la alimentación del ganado. Era un negocio seguro. Hasta que un día empezaron a llegar las denuncias de los ganaderos, que referían la muerte súbita de sus reses. En todos los casos, el informe del veterinario era semejante: al examinar el animal se encontraba, brillando al fondo del gaznate y atravesándolo de parte a parte, una hermosísima aguja de oro.

De Quimera. Revista de literatura, nº 455, noviembre 2021

 

 

…In a haystack

The boy finally understood that it wasn’t worth letting himself be consumed by such pointless search. So he took our advice and he was practical. Those hay bales were ideal for the feeding of livestock. It was a fail-safe business. Until one day lawsuits started coming in from farmers, referring the sudden death of their cattle. In all cases, the vet report was similar: examination of the animal’s body revealed, shining at the end of the throat and piercing it all the way across, a gorgeous golden needle.

Traducción de Isabel Márquez Méndez.

 

 

 

Tomás del Rey es licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua y Literatura en Sevilla. Es autor del libro de relatos y minificciones de asunto metaliterario, Yo, que tantos hombres he sido (Maclein y Parker, 2020), que ha alcanzado ya la segunda edición. Recientemente ha sido ganador anual de la XV edición de Relatos en Cadena, de la cadena Ser (España). También ha publicado minificciones en diversas revistas (Quimera, Plesiosaurio…), en antologías del género y en publicaciones colectivas. Imparte cursos y talleres de lectura y escritura. Colabora como tallerista en la web de minificciones de la editorial mexicana Ficticia. Mantiene el blog «Lo breve, si breve, tres veces breve» (3breves.blogspot.com). Fotografía por: Rafael Alcázar.

La composición que ilustra este paisaje de Abisinia fue realizada a partir de la obra
«Hombre luchando con el Zonda»,
dibujo a tinta y acuarela sobre papel
de la artista © Alejandra Carabante

 

año 2 ǀ núm. 13 ǀ septiembre – octubre  2022
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , Last modified: septiembre 19, 2022

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