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Este circo se abstiene de mostrar al baterista

Alejandro Cortés González

 

Hoy tenemos vértigo, humor y una afinada batería en este concierto de Metal que es la prosa de Alejandro Cortés González (Bogotá, 1977), quien es poeta, novelista, cuentista y músico de Grave Compañía —ensamble de poesía y rock experimental—. El presente cuento hace parte del libro Todos los diablos tienen sed, publicado recientemente por Escarabajo Editorial (Bogotá, 2022).

 

 

 

 

Saludo de bienvenida

Los domingos a las once de la mañana la gente aún está fresca para ir al circo o para ir a ensayar, y ahí es cuando usted, viejo Charlie, después de haberse levantado de su cama de un salto, haberse bañado en cinco minutos con agua fría, haber sentido el aroma del chocolate que preparó su abuelita, haberle dado un beso, haber salido de la casa con la maleta de platillos en la espalda y un pan en la boca, haberse acomodado en la silla de atrás de una buseta que avanzaba por el carril anexo a la ciclovía por donde las personas iban en sentido contrario, unos trotando, otros montando cicla, otros empujando coches con niños y hasta con mascotas, haberse bajado de la buseta y haber corrido hasta la casa roja de tres pisos, no porque estuviera tarde sino porque las ganas de ensayar le dominaban el cuerpo, llega usted, viejo Charlie, y saluda a todos con un choque de palmas que termina en puño contra puño y qué más, parce, todo bien, cómo le acabó de ir anoche, yo sí me fui pronto porque estaba recansado y hoy teníamos ensayo, mejor dicho, tenemos, entonces el guitarrista conecta su pedalera multifunciones con distorsión y chorus integrados, el bajista dice, miren, voy a estrenar pedal, y todos aplauden ese compresor que le dará más cuerpo al subsuelo grave de sus canciones, no demora en aparecer el vocalista y preguntarle, ey, viejo Charlie, y cuándo se va a comprar el twin, o sea, el doblepedal del bombo, claro, ahí está pintado el vocalista, como él no tiene que comprar nada, sólo conecta el micrófono y empieza a cantar, pero usted no le dice nada porque toda la banda lo está mirando y en el fondo usted sabe que tienen razón, pero nada, frescos, muchachos, ya estoy ahorrando para comprarme ese doblepedal, es que he tenido muchos gastos, el mes pasado tuve que cambiarle el parche al redoblante y recuerden que estrené platillos, y el guitarrista le responde yo tuve que cambiarle cuerdas a la guitarra y no me estoy quejando, pero un encordado no vale lo mismo que unos platos, los repuestos de la batería son más caros, pero frescos que yo ahorro y me levanto ese doblepedal, aunque usted sabe, viejo Charlie, que lo más difícil no es comprarlo sino aprender a tocarlo, eso no es como un pedal de bajo o de guitarra que se conecta y suena, no, toca sacar fuerza y precisión en las piernas para poder tocarlo, entonces, cuando todos ya están listos, usted marca la entrada con cuatro golpes de baqueta, ahí sí se tienen que acomodar a usted, usted es el señor del ritmo, sus tambores son las vigas del edificio de cada canción, si usted se pierde, todos se tienen que perder con usted, concentrado, viejo Charlie, hágale que los tiempos son suyos y exíjales en el próximo concierto que le ayuden a armar y desarmar la batería, o mejor, que sea en un lugar que ponga la batería para que usted solo cargue platos, baquetas y ese doblepedal que piensa comprar, ey, y pilas que ahí viene un corte, marque las caídas con platillos, eso, ahora el redoble, oiga, qué bien suena ese nuevo parche, listo, vuelva a la estrofa, usted a lo suyo y que cante el cantante.

 

Salen los payasos

…..Terminan de ensayar en la azotea y en el segundo piso está la familia del guitarrista celebrando el cumpleaños de la hermanita menor, y ese olor a ponqué con sus cinco velitas hasta que el papá dice llegaron los músicos y la familia aplaude, del equipo de sonido salen canciones de Pastor López y Los Tupamaros, les dan Coca Cola en vasos rosados que sacaron de la pila de vasos rosados sobre el comedor, usted, viejo Charlie, camina contento entre serpentinas y aplausos, muchachos, tóquense una canción para mi niña, no, señor, qué pena, es que nosotros tocamos metal, ah, entonces al menos ayúdennos a cantar el Japi Verde, y la hermanita del guitarrista que los mira con los ojos brillantes como los globos que tiene en la mano, y que no, que nosotros somos gente seria, papá, dice el guitarrista y a la niña los ojos se le ponen más brillantes y redondos pero son ojos de niña a la que se le han volado los globos y usted, viejo Charlie, tan percusionista, tan carente de las escalas que tienen las guitarras y los pianos, agarra una pandereta, marca un tiempo y con su voz de no cantante empieza Feliz cumpleaños a ti y se le unen todos, Feliz cumpleaños a ti y aplauden todos al ritmo de la pandereta, Feliz cumpleaños y todos gritan Diana Carolina, Feliz cumpleaños a ti y algunos cantando Japi Verde Tu Yu con ese inglés de Pastor López, Que los cumpla feliz y los de la banda cantan, Que los vuelva a cumplir y hasta el guitarrista aplaude, Que los siga cumpliendo y la niña recupera los globos en la mirada, Hasta el año diez mil y todos levantan sus vasos rosados de fiesta para brindar porque Diana Carolina apaga las cinco velitas de su pastel y, viejo Charlie, papás, tíos y tías le agradecen, los de la banda no dicen nada pero lo miran como si acabaran de recordar de qué color son los globos y usted es al primero al que le sirven una generosa rebanada de ponqué, ah, es torta de vino, ¿o será de chocolate?, está fresca, compacta, la crema blanca de los bordes no es demasiado azucarada y contrasta con el rosado de los platos de fiesta, el guitarrista, a lo lejos, le sonríe y baja la cabeza para comer ponqué.

 

 

Ilusionistas

…..Que ya no viene una camioneta a recogerlos sino que vayan por su cuenta a Funza y allá les dan el dinero del transporte y que lleguen antes de las cinco para hacer prueba de sonido porque, además de ustedes, tocarán tres bandas, una de ellas es de Funza y usted, viejo Charlie, todo contento porque va a estrenar doblepedal y porque los del concierto ponen la batería, o sea que usted sólo carga platos, baquetas, doblepedal y pare de contar, entonces se ven todos en Puente Aranda y se suben con guitarra, bajo y platillos al colectivo y apagan la música como si ustedes fueran a tocar pero, no, muchas gracias, señor conductor, nosotros viajamos como pasajeros y ya le vamos a pagar los pasajes, y los demás pasajeros ríen, ustedes se ríen, la novia del vocalista se ríe, claro, como él no carga nada, pero ajuste bien el doblepedal que en el último ensayo se le estaba perdiendo el punch, que sí, que fresco, que todo bien, eso es mientras le cojo el tiro, se bajan en Funza, llegan con instrumentos a la dirección: “Asadero El Caporal – Cerrado por mantenimiento”, ¿cómo así?, llame al organizador, el man no contesta y el vigilante pregunta que qué se les ofrece, que hoy no hay servicio y que no sabe de ningún concierto, pero llega otro grupo con instrumentos, y otro, ya son tres bandas, qué putas pasa que este marica no contesta, a mí me responden por el transporte y el tiempo y los ensayos, y el organizador llega, pelo largo, liso, castaño oscuro recién bañado, qué tal el descarado, el aroma a champú de manzanilla se pierde entre el olor a carne quemada porque a pesar de que el asadero no esté funcionando las paredes tienen pegada la grasa de la carne, uy, qué hambre, frescos, muchachos, yo hablo con el vigilante, ese caos de buses y flotas en Funza un sábado en la tarde, ni idea qué le dice al vigilante pero abre la puerta del asadero, qué pena, muchachos, es que el vigilante es nuevo pero ya arreglamos todo, miren la tarima, ¿vamos a tocar metal en un asadero?, frescos que hoy no hay servicio al público, está reservado sólo para el concierto, siéntense que en un rato llega el sonido, ¿y la comida que nos ofrecieron?, es un refrigerio y también ya casi llega, ¿y la plata del transporte?, eso al final del toque porque la saco de la boletería, ¿no debería haber un afiche para que la gente sepa que hay concierto?, no porque aquí en los pueblos todos ya saben, marica, qué hambre, y llega la comida, una señora trae una olla repleta de arroz y usted, viejo Charlie, que no ha dicho nada pero que está muerto del hambre se forma en la fila como un recluso y reclama que si sólo les van a dar un plato de arroz, y le dicen que sí, pero está viejo y no tiene sabor, pues échele ají, carajo, cómo pica, en el baño hay agua, y así va todo, la tarima hecha con canastas de cerveza, el bajo sale por una consola con interferencia, la guitarra por un amplificadorcito desconado de veinte vatios, y cuando usted ve llegar la batería con un parche roto, el hi hat roto, sin bases para platillos y los tones desafinados, dice coman mierda, qué falta de respeto, y el organizador lo insulta, y todas las bandas lo respaldan a usted, la olla de arroz cae sobre las canastas de cerveza, al organizador le tiran el amplificador en la cara pero el man se agacha y desaparece, la señora del arroz también desaparece y vuelan platos de loza contra las ventanas, pum ventana, pum vitrina de los licores, pum rockola con música popular, hasta que entra el vigilante armado y ustedes deciden que desaparecer es un buen truco, agarran sus instrumentos y corren a la avenida, se suben al primer colectivo hacia Bogotá, el vocalista saca una botella de aguardiente que se robó del asadero y beben en la silla de atrás, la de los músicos, pensando en lo bonito que sería romper esa botella en la cabeza recién bañada y olorosa a manzanilla del organizador del concierto.

 

 

Aros de fuego

…..Pocas personas pasan por ese parque en la noche, y si pasan, es mejor que vayan en grupo así como están ustedes, claro, van a pasear al perro o a comprar algo en la tienda y aprovechan para sentarse un rato en los juegos de pasamanos y hasta fumarse un cigarrillo como lo hacen ustedes que, además tienen una botella de vodka y ven que al fondo un grupo de tipos nada presentables juega un partido en la cancha de microfútbol, pero bueno, ¿quién va estar presentable en un parque un sábado en la noche?, pues nadie, mucho menos ustedes que acaban de salir de ensayar canciones propias que hace mucho no tocan en vivo y covers que ya están aburridos de repetir —una calada al cigarrillo y rotan la botella—, usted, viejo Charlie, es el duro para hacer anillos de humo cuando fuma, y, en serio, tanto ensayar para qué, dicen entre ustedes, haciendo cuentas de lo que gastan en tiempo y en plata cada fin de semana, y eso que ustedes ensayan en la casa del guitarrista, o sea que no pagan sala de ensayo, botella-cigarrillo-anillo de humo, alguien anotó gol en el partido de microfútbol, ¿por qué seguir tocando lo mismo?, ¿para qué tocar algo nuevo?, pues, viejo Charlie, porque es lo que nos gusta y nos salen riffs hasta por los codos, no queremos callarnos, es nuestra necesidad de expresión, le responden, y usted les pregunta que qué han ganado en los dos años que llevan tocando y claro, muchos conciertos pequeños donde no pagan ni un peso y conciertos medio grandes donde tienen que vender boletas o comprarlas con su dinero y sí, no es por la plata y no ha habido, no es por las chicas y tampoco ha habido —hermano, dice el vocalista, mi novia está que me deja porque los fines de semana paso más tiempo ensayando que saliendo con ella—, entonces es por tocar y ya, botella-cigarrillo-anillo de humo, pero ya todos están cansados de poner tanto de sí para que los traten mal, mire ese dizque concierto en Funza, mire los demás conciertos, es que ni siquiera nos reciben regalado el CD que grabamos, y sí, el bajista tiene razón, porque todos querían componer canciones y tocar en buenos conciertos y hasta irse de gira, y usted, viejo Charlie, se conformaría con que los trataran con respeto pero esa etapa no llega, se demora mucho, ya los del partido de microfútbol se fueron a descansar, botella-cigarrillo-anillo de humo, hermano, el mejor trato nos lo dieron en el cumpleaños de Diana Carolina, dice el guitarrista y todos se ríen, él propone que se tomen un tiempo y usted siente como si lo dejara una novia pero no dice nada, se pierde en anillos de humo, terminan la botella, una oleada de frío se extiende por el parque, ya es hora de descansar.

 

 

Intermedio: Fotos con el oso

…..Es domingo, son las diez, báñese, mentiras, viejo Charlie, hace casi un mes que no ensayan con la banda, está bueno eso de alejarse un tiempo, toda relación cansa y sí, chévere volver a ver a los parceros y sentir esa energía de tocar juntos pero todo placer al que se le pone una rutina corre el riesgo de volverse rutina, si pasa en el amor por qué no va a pasar en la música y hablando de amor, hermano, tiene que cambiar de trabajo porque esto es Colombia, no Noruega, usted es Charlie, no Fenriz, y aunque ambos toquen metal, a usted no le alcanza un sueldo de mensajero, cosa que a él sí, en fin, ya deje de ver videos de Darktrhone y fotos de su banda y párese de la cama aunque sea domingo, ¿y qué tiene que ver esto con el amor?, pues, hermano, vaya busque amor con un sueldo de mensajero a ver cómo le va, pero ¿qué hago con esta pensadera en la banda y las ganas de tocar?, pues entonces, viejo Charlie, búsquese otra banda o llame a estos manes, pero estoy mal de plata y quiero cambiar de trabajo, hermano, ya parece un alma solitaria en las sendas del despecho, no sea tan pendejo, párese de la cama, báñese, busque qué hacer con su vida, solucione el tema del dinero, ojalá con algo que le guste, y si tiene suerte y le va bien, se conseguirá una novia, se enamorará, terminarán, estará despechado y volverá a la absurda pensadera que hoy tiene con la banda, pero al menos habrá solucionado el tema del cambio de trabajo así que por enésima vez, Carlos Alberto, levántese de la cama —ya me parezco a su abuelita—, porque las cuentas crecen, la vida sigue y hasta los circos sacan provecho de los intermedios vendiendo fotos con el oso.

 

 

Funambulistas

…..Aquí la cosa es más de platos, al menos al comienzo, redobles suaves de platillos mientras los reflectores se encienden sobre los acróbatas que tantean con el pie la tensión delgada del cable a más de diez metros de altura, entonces usted no debe opacarlos sino corresponder con un sonido de destellos metálicos a la tensión del cable y ¿cómo sonríen con tanto vacío?, pero don Funambulista es todo un profesional veterano de mil circos, ahora métale unas negras con el bombo, eso, váyale creando tensión como para que la gente piense que en cualquier momento se puede caer, y sí, hay una malla, pero no es por la vida sino por la vergüenza de que salga mal el show, don Funambulista con la pértiga, tres o cuatro pasitos rápidos hacia delante y se devuelve como quien prueba la temperatura de la ducha, seis u ocho pasitos rápidos hacia delante y se devuelve como quien olvida cerrar con llave la puerta de la casa, diez o doce pasitos rápidos y continúa hasta que pasa sin problema todo el cable, se para en la base firme, levanta las manos y ahí es cuando usted hace un pequeño redoble jubiloso para que el público aplauda porque el artista sigue vivo pero ojo, antes de que terminen los aplausos usted comienza otro compás de expectativa porque doña Funambulista acaba de salir en bicicleta sobre el cable, mejor dicho, lo anterior no fue nada, aquí empieza lo bueno y ella, con su traje blanco lleno de brillantes sobre una bicicleta blanca también llena de brillantes sonríe y pedalea como llevada por el aire, como si su vida no estuviera en juego y simplemente pasara por el barrio saludando a los vecinos y, viejo Charlie, como que así debe ser la cosa cuando uno se juega la vida, arriesgarla y que no se note, jugársela como si no valiera nada o como si tuviera muchas más en el bolsillo, acuérdese del tipo del concierto de Funza que sabía que esa noche lo podrían reventar y llegó al sitio del concierto con el pelo recién lavado oliendo a manzanilla, en cambio usted se tensiona por todo, le arma drama a cada causa perdida como si le hubiera costado el futuro y no, ahí está usted desfogando energía con el ritmo victorioso porque doña Funambulista cruzó el cable en bicicleta, y pilas que ahí viene don Funambulista en monociclo y cruza, redoble, Charlie, redoble, que la gente se quiere poner de pie, ¿los acróbatas alcanzarán a ver al público desde allá arriba?, al menos lo escucharán y también escucharán sus redobles, su batería es el puente entre el público y los artistas, usted acompasa los gritos y corta los silencios, vea, tiene una orquesta distinta cada show de más de trescientas, doscientas, cien personas, bueno, el lunes vinieron como treinta nada más, el circo se veía solo, y siempre debe haber un momento de soledad en los funambulistas antes de cada salto, ¿cómo será la soledad con vértigo?, al menos a ellos los ve la gente y los ve usted, que hace redobles pero, viejo Charlie, a usted que está detrás de los telones, esa sí que es soledad, como la de un baterista de rock cubierto por el resto de la banda, como la de un fantasma en un teatro cuando los reflectores se apagan, a usted lo escuchan pero nadie lo ve.

 

 

El círculo de la muerte

…..Bueno, tome agua, ajuste bien su doblepedal de bombo porque ya terminaron de instalar el círculo sobre la pista y los motociclistas comenzaron a salir, Brrr, brrr, jajaja, es como la introducción de “Girls, Girls, Girls” de Mötley Crüe y aquí por fin, ¡por fin!, podrá tocar los ritmos de rock y metal que tanto le gustaba tocar con la banda, usted sabe que a pesar de que nadie lo vea, este también es su momento y ese olor a gasolina quemada que combina tan bien con el de los parches nuevos de su batería, tal vez sea por los motores de las motos o por la tensión del público pero en este acto la carpa como que se pone más caliente, y el Payaso Carablanca anuncia que no serán cinco, ni seis, sino siete los motociclistas que se metan al círculo de la muerte y claro, usted, viejo Charlie, ahí estalla en redobles como para que la gente aplauda y se abra la puerta de la jaula y entran los siete tan rápido que usted ni siquiera alcanza a cambiar de compás, pero le baja la velocidad al ritmo, lo mantiene plano y bajito para que el Payaso Carablanca pida silencio a la audiencia por el número tan arriesgado que van a observar y la gente se calla hasta que de repente una moto acelera y luego las demás y arrancan a toda velocidad a darle la vuelta a ese aro en distintas elipses como si animaran los anillos de un enorme átomo, entonces muy atento, viejo Charlie, que ahí usted arranca con un ritmo fuerte y punzante de metal como el que tocaba en algunas canciones cuando empezaban los solos del guitarrista, pero esta vez son solos de moto, de siete motos, y la gente exclama, todos los ojos sobre el círculo de la muerte y todos los oídos en los motores y en su batería, hermano, aunque no lo vean, lo están escuchando en primer plano, y se eleva el calor pero no es ese sopor que adormece, sino una energía que enciende, que levanta, que desboca, y usted sabe que ese es el momento para meterle doblepedal y que todo corra sobre el empedrado de fusas del bombo que usted lanza con los pies, y usted se va por ese empedrado a sus años tocando metal, al día en que estrenó el doblepedal, a las mañanas de domingo yendo a ensayar en el sentido contrario de los ciclistas que salían a ciclovía, y las motos se detienen, ninguna choca, usted detiene el ritmo en un golpe seco y un platillazo que coinciden con el saludo de los acróbatas y el aplauso del público, hacen la venia-redoble-aplauso, venia-redoble-aplauso, salen uno a uno los acróbatas del círculo de la muerte, se quitan el casco y rodean la pista, son seis hombres y una chica, el público la ovaciona más a ella al descubrir que es una mujer con un hermoso pelo rubio y ella sonríe y usted repica como si aplaudiera con tambores porque es su chica y nadie lo sabe, porque cuadran juntos el acople entre música y motos, porque para usted, lo más bonito del circo está en el círculo de la muerte, y todos sonríen y nadie dice nada.

 

 

Canción del payaso agradecido

…..El Payaso Carablanca termina su número con los niños y se va despidiendo, entonces suena la pista de una baladita pop y pilas, viejo Charlie, que usted toca la batería sobre esa pista pero fresco que es una canción suave, no le meta mucha fuerza al golpe porque aquí lo que debe sobresalir es la voz del Payaso Carablanca que fue el maestro de ceremonias, y él le agradece a los niños por traer a sus papitos y a los papitos por hacerle caso a los niños, aunque hay mucho adulto que vino sin niños porque el circo ha cambiado y quienes más vienen son los adultos que asistieron al circo en los tiempos de su niñez, así que cuando estos niños crezcan van a regresar y el circo se mantendrá porque la gente viene acá, no tanto por traer a los niños, sino por rencontrarse con su infancia, con el niño que eran cuando les daba alegría tener en la mano un algodón de azúcar o un globo de helio, como la hermanita del guitarrista en el cumpleaños, pero pilas que la canción y el payaso van andando, y pide un fuerte aplauso para su papá, un señor payaso más gordo y con la cara más blanca que está sentado solo en un extremo de la primera fila, porque mi papito trajo este circo al país y me enseñó todo lo que sé y, obvio, viejo Charlie, usted hace una superintervención con todos los platos, incluso el crash-ride que le trajeron la semana pasada, y hace que esa ovación suene mágica, centelleante, como carroza de cenicienta y pues sí, usted sabe que en el fondo también tiene que agradecer y que salga magia de sus platillos porque el día que usted fue a audición al circo estaban los dos payasos Carablanca, sin maquillaje, vestían sudadera negra y tomaban café negro, era lunes, llovía, usted tenía resaca de tres días y llevaba más de tres meses sin saber qué hacer con su vida porque la banda estaba quieta y usted aburrido de ser mensajero, y no tuvo más remedio que sonreírle a dos payasos desconocidos que los lunes en la mañana descansan de sonreír, y lo escucharon, y se tomaron otro café, y lo pusieron a improvisar, y le pidieron que tocara algo suyo a ver cómo sonaba y le dijeron que bien, pero que no se fuera tanto hacia el rock o el metal, aunque les gustaba el punch rockero que tenían sus golpes, que este es un circo y que cada seis meses se instalan en diferentes ciudades y que si no tiene inconveniente con los viajes, las giras, la inconstancia en una región, pero la paga es buena, de alguna forma tenemos que compensar el desarraigo y la soledad, pero fresco que nadie duerme en la carpa sino en casas cercanas adonde la levantan, el circo no le paga el arriendo pero le da todo, hasta una familia nómada, y que van a audicionar a más bateristas, que luego lo llaman si lo escogen, y usted se fue con la alegría llovida porque estaba lloviendo y porque sintió que lo iban a escoger, y así fue, el día que lo contrataron se despidió de su trabajo de mensajero, le dijo a su abuela que le guardara su batería y el resto de sus cosas, que usted iba a volver y a estar pendiente de ella y así ha sido por diez años, viejo Charlie, porque la viejita le cuenta a los vecinos que su nieto es el músico que se va de gira con el circo, y usted nunca va a olvidar la primera función con su abuelita en primera fila, aunque no se vieron porque al baterista lo ponen tras bambalinas, deberían mostrarlo, viejo Charlie, usted no es tan feo, bueno, hablando en serio, también tiene su magia eso de tocar escondido, su abuelita sonríe cada vez que escucha una batería porque para ella es usted quien está detrás de todos los tambores, así que haga salir magia de ese juego de platillos para que se eleve la canción del payaso agradecido porque usted también tiene mucho que agradecer.

 

 

Gran desfile final

…..Los domingos a las once de la mañana la gente aún está fresca para ir al circo o para ir a ensayar, se lo dije al comienzo, ¿se acuerda?, y ahí es cuando usted, viejo Charlie, rectifica la afinación de los tambores, estira músculos y ve cómo el circo abre sus puertas, la gente se acerca con esa risa de domingo, felices con niños y felices como niños, hacen la fila, se toman fotos, compran crispetas y barritas luminosas que la mayoría de niños deja caer entre las gradas del público y los de logística las recogen, las limpian y las venden a otro niño maniflojo, pero usted no alcanza a ver esto porque ya está en posición para la fanfarria inicial y el saludo de bienvenida y, justo antes del desfile de presentación de todos los actos, un beso rápido tras bambalinas a su motociclista, lista para calentar motores y entrar en unos minutos con el corazón contento al círculo de la muerte consciente de que es usted quien toca la percusión que le acompasa el pulso y bájese de esa nube, viejo Charlie, o mejor dicho, no se suba todavía porque el Payaso Carablanca anuncia que viene el primer payaso, ese que interactúa con los niños, entonces haga algún rudimento para marcarlo, algo con el hi hat cerrado para que parezca pandereta porque para usted, desde que le cantó el “Feliz Cumpleaños” a Diana Carolina, los payasos tienen alma de pandereta, y el Payaso Carablanca presenta a los ilusionistas, un redoble para ellos antes de que desaparezcan, y también para los acróbatas de los aros de fuego porque nada como el fuego para que se quemen las ambiciones y uno se empiece a elevar, eso, viejo Charlie, conduzca con sus golpes la intensidad de las ovaciones porque hace su entrada el oso gigante de peluche con el que los niños se tomaron fotos, pareciera que la imitación de lo salvaje se vuelve tierno, pero la imitación de lo tierno también puede ser salvaje, acuérdese de los tiempos en que los animales dopados vestidos con trajes ridículos se iban de su hábitat para entretener gente pero, y usted, ¿acaso no se fue de su hábitat natural de rock y familia para irse de gira con un circo?, ¿será que usted es el verdadero oso del circo?, bueno, al menos usted lo decidió conscientemente y tiene una familia circense que no le ha hecho perder a su abuelita, y toca en distintas ciudades sin aguantarse conciertos mediocres ni armar ni desarmar la batería, y eso es algo que la banda no le pudo dar, así que fresco, viejo Charlie, todos los artistas tienen algo de oso de circo y el rock también es un circo que esconde atrás al baterista, y cambie el compás porque a este gran desfile ya están entrando don Funambulista, doña Funambulista y la tropa de trapecistas, corren como pelícanos a los que se les acabó el cielo, vea pues, aliste el doblepedal para acompañar la entrada de los siete motociclistas al círculo de la muerte y haga un redoble especial, bien metalero, que termine con el crash-ride para cuando se quiten el casco y todos descubran que la cara más bonita del circo estuvo arriesgando la vida por un aplauso, eso es, viejo Charlie, redoble y aplausos, redoble y aplausos, usted sabe que todo se lo regresarán en besos, ojo, viejo Charlie, cambie el ritmo a una balada alegrona circense para que el Payaso Carablanca dé su venia, para que el papá, don Payaso Carablanca, también dé su venia, y para agradecer de nuevo a los asistentes con una venia casi uniforme de todos los artistas, algo especial, viejo Charlie, porque ser payaso es complicado, requiere de mística y teatralidad y es el colmo que a cualquier farsante en la vida lo llamen payaso, un oficio capaz de tanto, porque el payaso canta, baila, actúa, improvisa, es un artista integral, alegre o triste, siempre hace el papel de un ciudadano que nos visita desde el país de la comedia, es un niño grande, un cachorro humano, alguien que nos confirma la risa que dan los que tienen máscara, aunque el payaso sabe que la tiene, igual que un músico en tarima, igual que cualquier artista en escena, y no es una máscara falsa, es verdadera y plural, sí, eso es, una máscara de pluralidad porque el artista intenta reunir la emoción colectiva, la de todos, y las personas lo sienten así, por eso aplauden de pie y se van contentos, usted sale a darle un beso a su motociclista y ve que en primera fila están el bajista y el guitarrista de su banda de hace diez años, entonces se reconocen, se acercan, se saludan con el choque de palmas que termina en puño contra puño tal como sucedía los domingos cuando ensayaban, pero ellos ya van con esposa y niños, usted va con su motociclista rubia, y qué más, parce, todo bien, cómo le ha ido en estos años y que todo bien, que el bajista y yo tenemos una empresa de cocinas integrales, hemos crecido, y sí, seguimos ensayando con la banda aunque casi no tocamos fuera de la ciudad, mejor dicho, casi no tocamos porque no hay gente seria, es que todos son unos payasos, ey, no diga eso en un circo, sí, perdón, no era por ofender, y tampoco hemos tocado últimamente porque al vocalista lo trasladaron fuera del país, y mire que Diana Carolina quiere estudiar música, le encanta la batería, y qué bacano verlos, yo bien, aquí en el circo, de gira con el amor y la música, y buena suerte, muchachos, qué bacano haberlos visto, se acaba el desfile, se va la gente, el circo se cierra, hay que dejar todo listo para la función de las cuatro y treinta, la carpa empieza a enfriarse, ruidos de puertas metálicas que se cierran, el Payaso Carablanca enciende un cigarrillo y usted, nada, descanse, viejo Charlie, un cigarrillo y anillos de humo, este es el momento en que la percusión la hacen los pasos en la arena.

De Todos los diablos tienen sed,
Escarabajo Editorial, Bogotá, 2022.

 

 

Alejandro Cortés G. Bogotá, 1977. Poeta, narrador, músico, editor, gestor cultural y director de talleres literarios. Autor de los libros Notas de inframundo (Novela, 2010), Pero la sangre sigue fría (Poesía, 2012), Sustancias que nos sobreviven (Poesía, 2015), Del relámpago nacerán luciérnagas (Novela, 2018), Instantáneas dominicales (Poesía, 2019), Almanaque Bristol 1987 (Poesía, 2019), El álbum púrpura (Poesía, 2021) y Todos los diablos tienen sed (Cuento, 2022). Ha sido invitado a encuentros literarios en Suramérica, México, Francia y Canadá. Es músico de Grave Compañía —ensamble de poesía y rock experimental—, director de la Fundación Trilce, coordinador del espacio cultural Trilce en La Galería y del Café literario de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en Bogotá.

La composición que ilustra este paisaje de Abisinia fue realizada a partir de la obra
«El último ensayo»,
dibujo collage sobre madera con tintas, año 2018,
de la artista © Alejandra Carabante

 

año 2 ǀ núm. 13 ǀ septiembre – octubre  2022
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , Last modified: septiembre 17, 2022

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Mudar el mundo

AUTOR

Ana Gandini

ISBN

978-987-86-6012-7

PRECIO ARGENTINA

ARS 1500

El guardián de la colmena

AUTOR

Leandro Frígoli

ISBN

978-987-88-0285-5

PRECIO ARGENTINA

ARS 1500

El diario inédito del filósofo
vienés Ludwig Wittgenstein

Le Journal Inédit Du PhilosopheViennois Ludwing Wittgenstein

AUTOR

Fredy Yezzed

ISBN

978-1-950474-10-3

PRECIO ARGENTINA

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Fragmentos fantásticos

AUTOR

Miguel Ángel Bustos

ISBN

978-958-52096-8-8

PRECIO COLOMBIA

COP 35,000

El bostezo de la mosca azul

Antología poética 1968-2019

AUTOR

Álvaro Miranda

ISBN

978-958-52793-5-3

PRECIO ARGENTINA

AR 1000

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Geografía de los amantes del Sur

AUTOR

Mónica Viviana Mora

ISBN

978-958-53033-2-4

PRECIO COLOMBIA

COP 35,000

Geografía de los amantes del Sur

AUTOR

Mónica Viviana Mora

ISBN

978-958-53033-2-4

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Yo vengo a ofrecer mi poema

Antología de resistencia

SELECCIÓN & CURADURÍA 

Fredy Yezzed, Stefhany Rojas Wagner

y Eduardo Bechara Navratilova

ISBN

978-958-53033-3-1

PRECIO ARGERTINA 

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COP 80,000

El inmortal

AUTOR

John Galán Casanova

ISBN

978-95853-39439

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Las voces de la tierra

AUTOR

Yanet Vargas Muñoz

ISBN

978-958-49-3124-5

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Lo que se desvanece

AUTOR

Luis Camilo Dorado Ramírez

ISBN

978-958-53394-8-0

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Por el ojo del pincel

AUTOR

Mónica Fazzini

 

ISBN

978-987-86-5317-4

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