Escrito por: 3:15 am Minificción, Narrativa

El fantasma de Velázquez merodea en la casa

Piero de Vicari

 

 

 

 

El fantasma de Velázquez merodea en la casa

A Manu Espada

Apareció por primera vez un viernes 13. Nunca di crédito a lo que veía, es más, pensé que se trataba de una entelequia. Mis lentes ya viejos, necesitaban de cristales nuevos. Lo cierto ―no tardé en comprobarlo― es que flotaba en el living con su paleta de pintor y aquellos bigotes tan particulares. Me dijo sin preámbulos: «Soy Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, mucho gusto…». Retribuí su saludo y le di la bienvenida. Desde entonces somos inseparables. Él sostiene que el fantasma soy yo y que mis apariciones son remedos del destino. No lo refuté, porque yo sé la verdad. Por eso, de cuando en cuando, recorro su atelier perdiéndome entre los cuadros, apreciando su genialidad pictórica, siendo uno de sus modelos más conspicuos. Me ha preguntado cuándo volveré al éter, cuando me mudaré a la dimensión abstracta de los muertos sin vida. Y aunque le repito hasta el cansancio que el muerto es él, se ríe de mi ocurrencia como de mis modales, mi ropa, mi español enrevesado y esta manía de flotar, cada viernes 13, entre las tumbas.

 

Inédito

 

 

 

Seis jíbaros en la azotea

No es exagerado señalar que su sueño se repitió por algo más de tres meses. La escena era la siguiente: subía a la azotea, abría la puerta y allí estaban ellos, seis jíbaros mirándola a los ojos. Al despertar, asumía la desolación de un fallido ataque caníbal. Esa situación la atormentaba. Tomando cartas en el asunto y desoyendo los consejos de su terapeuta, urdió el punto final a tanta angustia. Soñaría que subía a la azotea con un revólver en la mano y descargaría toda la munición sobre los desaprensivos salvajes. Y lo hizo. Rápida y eficaz, les apuntó a la cabeza. Uno a uno, fueron cayendo como palitroques de bowling. La mañana la encontró feliz, exultante, victoriosa. Cuando le leyeron sus derechos, mansamente extendió los brazos y con una sonrisa dibujada en la boca, accedió a que le pusieran las esposas.

 

Inédito

 

 

 

Apocalipse now

En realidad, a Dios, le demandó solo un día crear el universo. Los otros cinco fueron para remendar errores imprevistos en la materia de lo visible y no visible. Al séptimo día quiso descansar y se durmió con la idea de renovar su obra deshaciendo y rehaciendo todo lo creado de un modo, digamos, más perfecto. Acaba de despertar.

 

De Simbiosis de la Guillotina y otras microficciones, 2017.

 

 

 

Sobre ciertas ánforas

Akira Mithsukawa, es un respetable arqueólogo nipón.
…..Supone todo un regocijo observar cómo, después de tantos años de rastrear yacimientos, ahora toma en sus manos lo inimaginable. Un ánfora del siglo IV antes de Cristo, aflora de las entrañas de la tierra y nos devuelve algo más sobre la vida de los cretenses. Con la pulcritud de los elegidos, toma su espátula de cerdas finas y en elaborado movimiento, acaricia sus bordes, sacudiendo el polvo acumulado por el paso de los siglos. Estudia cada una de sus formas, cataloga ―con paciencia oriental― las propiedades de ese cuenco de arcilla. No deja ver lo que piensa, pero está fascinado. Cree (más bien, lo asegura) es el hallazgo más importante que ha hecho en sus cincuenta años de explorar parajes inhóspitos.
…..Algunos intuyen que esa humedad que comienza a arrinconarse en sus ojos es producto de un llanto contenido, una ceremonia de gratitud que sólo él puede develar.
…..Akira Mithsukawa deja el ánfora en el suelo y luego de una reverencia solo concedida a los mandatarios reales, le asesta una patada que la parte en cientos de guijarros casi todos iguales entre sí.
…..Nadie, hasta el día de hoy, osa preguntar al venerable estudioso japonés, cuál ha sido la razón de semejante actitud. Nadie, hasta el día de hoy, tampoco ha descubierto en uno de esos guijarros, la inscripción que lo ha llenado de ira: «Made in Taiwan».

 

De Ínfulas ínfimas (Bazar de brevedades y otras minucias), 2018.

 

 

 

Naufragios

Solo. En una balsa. En medio del océano.
Sin agua ni víveres.
Para satisfacer su hambruna, decide comerse a sí mismo.
Sola. Una balsa. En medio del océano.

 

De Muerte del filósofo chino y otros textos insomnes, 2019.

 

 

Piero De Vicari nació en San Nicolás, Buenos Aires, Argentina, 1963. Poeta, narrador, ensayista y gestor cultural. Ha recibido reconocimientos y premios por su obra literaria, trayectoria y labor de difusión cultural. Editoriales de Argentina, México, Chile, Colombia y Ecuador han editado su obra. Entre sus libros publicados de microficción destacamos Simbiosis de la Guillotina y otras microficciones (Santiago de Chile, 2017), Ínfulas ínfimas (Bazar de brevedades y otras minucias) (Morón, 2018) y Muerte del filósofo chino y otros textos informes (Bogotá, 2019).

La composición que ilustra este post fue realizada a partir de la obra Autorretrato de Diego Velázquez (1645)

 

año 1 ǀ núm. 4 ǀ mazo – abril  2021
Last modified: marzo 18, 2021
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