Written by 3:49 am Latinoamericana, Poesía

Yo, el resplandor. Poesía inédita de Ramón Palomares

Pedro Ruiz

 

 

Abisinia Review le dedica el dossier de su edición No. 18 Oct – Nov – Dic al poeta venezolano Ramón Palomares.
…..Ofrecemos a continuación una selección de su poesía inédita publicada bajo el título Yo, el resplandor (Caracas, 2023) por Ediciones Acirema, y un ensayo, con tintes de crónica y prólogo, del poeta Pedro Ruiz, quien con calidez y sensibilidad logra hallazgos luminosos dentro de una de las obras de la poesía venezolana más destacadas del siglo XX. Agradecemos al poeta Pedro Ruiz también por la selección de los poemas de Ramón Palomares.
…..El lector encontrará al final las rutas para acceder a todo el contenido del dossier.

 

Yo, el resplandor

 

6

Si la transparencia deja ver flores
…….…….…….…….…….…… .de roca,
vasos espléndidos y dejadas vegetaciones
y en la extraña casa adonde
…….…….…….…….…….…….vuelven mis ojos
encuentro esa urdimbre encantada,
una hoja, el pez, el arroyo: Fiestas.
Será como decir OTRA VEZ
Y después de un cielo tan vasto
…….…….…….…….reencarnar.

 

 

 

7

Una infancia es un recuerdo
y más si eres
una corriente a saltos, en zig zag,
…….senderos sin reposo.
Una infancia, tú, que vives del
…….…….muro y la bromelia.
Una mañana como tú, un muro
…….de alta yerba y húmedas raíces,
un muro.
Así regreso.

 

 

 

8

Alegría, conviértete en pez.
En uno había dos, uno del agua
…….…….otro del sol.
Remontaban y se miraban uno al otro.
Y vivía yo en aquel remanso,
la vida guardada y secreta,
la belleza libre.

 

 

 

9

Vuelvo a ser ojo, puro cielo.
Por mí los colores,
el contraste del toro y la yerba.
Las puertas se cierran, soy peña
y humo verde.
Las puertas se abren, camino
…….…….…….un azul húmedo.
Me abrumo de vapores. Mis
movimientos son calmos e ingrávidos.
Hasta dar con la abrupta escala de piedra.
Mi verdor puro, mi anciana semilla
déjalo tocar, yo verdeazul,
ascenderé de nuevo a tu vasta
…….…….…….esmeralda.

 

 

 

15

Cuando la tierra entra por mí
…….…….…….su sabor a pasto,
el perfume de ajenos suelos horadados
…….…….…….de insectos
y el olor de animales quietos,
…….…….…….hibernando
y tantos frutos resecando su humor
quedan en mis labios y se rodea
…….…….…….mi boca.
de auras cálidas. Y el aire en mí
toca en sus largas nebulosas
mi vida. Resueno como asperjadas
…….…….…….luciérnagas.
Y siento mis verdes océanos como
sentarme en la mesa que el Rey
asume, hambriento. Y siento
haberme devorado y el corazón
y la noche y el sueño
…….…….…….se agitan dentro.
En mis años cuántos cielos
y cuántas noches.
Como noche recojo mi piel,
…….…….…….me desdoblo y me trago.
Como día salgo de mis ojos
…….…….…….y me doy a brillar

 

 

 

39

He cumplido, mi espíritu dice:
¡alabado sea!
Escribí. He abierto otra vez las ventanas
¡bienvenido sea!
He ganado este tiempo
se encienden para mí luces nuevas.

 

 

 

60

No despiertes el arroyo
prefiero mi sueño de peces. Su esquilma
…….…….…….dorada
Este silencio asume al pájaro y lejanos
…….…….…….ladrido
y aunque mi corazón viaja su camino
…….…….…….al gran bosque
escucho en ellos mi pulso
y tal vez no sea yo, sino el arroyo
el que respira acompasado
…….…….…….su canto.

 

 

 

70

Después de crear el agua Dios se lanzó allí,
extendió los brazos y respiró largamente,
dio uno, dos golpetazos con las piernas
impulsándose y emergió de nuevo.
Encontró que era dulce el agua y grato
andar en ella. Y dijo: Sean los peces.

 

 

 

88

Cuando el agua sube y se hace
el techo de mis ojos
no hay cielo rubio o giralda o púrpura
que la iguale.
Jamás incrustaciones fueron aceptadas
-Esas hiedras fantásticas urdidas
y sus blancas flores me inundan
La niebla ni el paisaje estallante
ni las rocas hundidas de mis ojos
habían brillado en formas tan felices.
Tal vez si fuera el flujo dibujando
cristales y palacios en mí.
Las constelaciones de sus linfas ardiendo
Que allí alcanzo a revestirme en senderos
no vistos ni en mapa alguno escritos.
Camino entonces la eternidad
con paso seguro
y otros soles en mí van despertando
ciego como estoy a este mundo.

 

 

 

El eterno resplandor de Ramón Palomares

Pedro Ruíz

 

El hombre que llegó a Caracas a comienzos de los años cincuenta traía en su equipaje el reino de la infancia, y lo habitaban las voces memoriosas que poblaban su casa, allá en Escuque. Era de hablar pausado y sus palabras sonaban como interrogaciones. Estaba comenzando un viaje de formación académica, humanística y geográfica que, paradójicamente, no tendría otro destino que el de dar a conocer la belleza y sonoridad del lenguaje para devolvernos el origen y resonar como un mundo nombrado por primera vez.
…..Caracas era entonces el destino de jóvenes venidos de toda Venezuela, que en su afán de formación abandonaban campos, aldeas y pueblos para habitar aquella ciudad con aires campesinos, gente ensombrerada y mucha niebla.
…..Vivíamos una feroz dictadura, pero abajo, en los aleros del pueblo, se combatía y nacía un nuevo arte. Ramón Sánchez Palomares era uno de aquellos jóvenes, y como lo predijo Guillermo Sucre, su destino sería luminoso y fecundo. En 1955 publicó en El Nacional el poema «Elegía a la muerte de mi padre». «Una de las elegías más dramáticas con que cuenta la poesía venezolana», en opinión de Ludovico Silva. «En aquellos mis 20 años, la pasión por la poesía alcanzó en mí la fuerza necesaria para ser asumida como el más deseado y auténtico de mis ideales», refirió en una oportunidad Ramón.
…..Qué iba a imaginar, aquel muchacho, que bastarían pocos años para transformarse en arquetipo, en modelo para todas las generaciones que le sucederían y encuentran en su escritura una comarca de mitos, de asombros, de memoria del futuro.
…..Cada quien, como canta el poeta Antonio Machado, tiene un patio en su corazón metido. Pero ese patio se ensancha y resplandece cuando lo hacemos campo o pueblo sensible poblado de memoria y originario espíritu. Ya apuntaba el maestro Juan Davíd García Bacca, en el prólogo al libro Holderlin y la esencia de la poesía, que «un pueblo es una colectividad de hombres que han conseguido poblar todo, hasta la tierra, sus ríos, sus montañas, cuevas, bosques, picos, árboles (…) de leyendas, historias, mitos, apariciones, fantasmas, poemas, música, religión (…). Todo a un tono. Ese tono único es el que hará que las voces individuales suenen orquestadas».
…..Pues bien, abramos un libro del poeta Ramón Palomares. Aceptemos el diálogo que nos propone para que escuchemos todo un compendio mítico que, en los pueblos, aldeas, campos de los Andes formaron parte de la cotidianidad. Ese compendio tiene siglos desandando barbechos, pero Ramón Palomares lo reinventa, lo recrea y fortalece como para que no perdiéramos nuestra alma.
…..Digamos, entonces, que él ha sido el privilegiado director de nuestra orquesta, y que cuando leamos un libro suyo no escucharemos otra voz que no sea el tañido de nuestra Madre Tierra.

 

La casa de la poesía

Ramón Palomares fue un poeta en rigurosa formación desde su más temprana infancia. Quien haya escuchado sus testimonios sobre la vida de su casa en Escuque, sabrá que ese espacio sagrado para el poeta fue, en esencia, un centro generador de cultura, una verdadera casa de la poesía. El nombre de su madre adoptiva, Polimnia Sánchez de Olmos, da razón del linaje que habitaba en aquel hogar, y ya debe haber sido un indicador de su destino. Pero leamos su evocación de aquella infancia plena:

Crecí en casa de mi tía Polimnia Sánchez de Olmos, mi madre adoptiva; ella junto a sus hermanos menores y el resto de sus hermanas formaba parte de una pequeña legión de misioneros de la educación. Aquella relación con la enseñanza implicaba, en plena armonía de gentileza, el gusto amoroso y afición por las bellas letras, y en esto, en disfrute y acentuada amistad con la poesía (se hicieron lectores de Fray Luis de León, Rubén Darío, Amado Nervo y Antonio Machado, entre otros), y no eran escasas las ocasiones en que escribían, y, en fin, hacían de esta relación parte de sus vidas, tan distantes de ambiciosas pasiones y violencia. Deriva de allí mi afición a la lectura creativa, a la belleza y al propio ejercicio de la escritura, en la deleitosa cercanía de libros de cuentos y revistas infantiles de excelente calidad, como para que germinara en mis adentros alguna cierta raíz encantada, de esas que guarda un niño en su retraída fantasía.

 

Linaje de poetas y maestros

Su abuelo, Julio Helvecio Sánchez del Gallego, fue magistrado, exquisito poeta, orador y maestro de generaciones. Impulsó lo que sería un taller o una peña literaria en Trujillo a comienzos del siglo XX, y fundó periódicos e instituciones educativas en Escuque. Como «un maestro egregio, un abogado ilustre, un magistrado probo» lo define el historiador Mario Briceño Perozo. Y Mario Briceño Iragorry escribió: «Maestro verdaderamente guía fue el Dr. Julio Helvecio Sánchez del Gallego. Quizás uno de los hombres más cultos y de inteligencia más rápida que haya dado el estado Trujilllo».
…..Su padre, Rómulo Sánchez Vivas, también fue un poeta destacado en aquel Escuque del primer medio siglo XX:

Guardo y leo con frecuencia algunos papeles de familia, sobre todo unos apuntes que mi padre, Rómulo Sánchez Vivas, solía llevar a propósito de sus tristezas, sus pensamientos y su pequeño acontecer cotidiano; escribía tan a menudo que a veces lo hacía tres veces diarias. En esos papeles, como en algunos de sus poemas, está presente de manera enfática y profunda su amor a este pueblo, lo que él llamaba como tanta gente, su amor al terruño. También yo he vivido la dulzura de tantas imágenes y la obsesión de paisajes y seres ya para siempre desaparecidos. Me envuelve muchas veces, por decirlo así, la música de cuerdas, violines, bandolas, bandolinas, guitarras, cuatros, que se me ocurre ubicar siempre en una de las casas más bellas ligadas a mi infancia: la casa de la familia Pérez Negrón.

…..En 1948 Ramón Palomares parte de su pueblo para formarse como maestro normalista en Barquisimeto, Caracas y San Cristóbal. Su formación como poeta y pedagogo, y su militancia política, marcarán aquel itinerario:

En mí el azar maravilloso —gran azar— me conduce y ampara, se diría que ser maestro, profesor, estaba dispuesto para mí. En cuanto al vivir político (que no llamaría político sino de rebeldía subversiva, en que a veces me vi envuelto), tuvo que ver con el ambiente, en el cual una persona joven que se viera a sí mismo en forma digna tenía que escoger, y en esa escogencia priva todo un mundo de entusiasmo por la libertad, por la justicia y la belleza. Y uno entra decidido a luchar.

 

Una obra luminos y faecunda

En 1958 aparece su primer libro, El Reino. Había eclosionado una de las voces trascendentes de la poesía universal. El joven poeta que venía de una aldea de nubes era el intermediario; él era la voz de los encantos. Hablaba en el lenguaje clásico que comenzó a escuchar cantado en el patio de su casa mientras daba los primeros pasos, y, hay que decirlo, también de la boca de aquellos campesinos sabios, entre sencillas conversaciones y uno que otro vals dicho en la ventana de una casa. De aquellos días escuchemos el testimonio de su paisano Domingo Miliani:

El alejamiento y la diferencia de Ramón respecto a otros poetas de Sardio estuvo en la identificación mayor, en primer término, con los clásicos españoles, luego con la América precolombina, especialmente náhuatl, y con el Popol Vuh. La lectura crítica del trasfondo mítico simbólico en la poesía de Palomares ha recalcado las supervivencias dentro de la oralidad andina de la mitología timotocuica. Esa tradición, sin embargo, no es de tanta riqueza como hemos tratado de magnificar. La visión cosmogónica de las grandes tinieblas sin movimiento está referida, al menos en otra lectura, al génesis del mundo americano, del Popol Vuh.

…..Sobre El Reino escribió Guillermo Sucre:

Penetrando en su propia capacidad, muy lúcido y paciente ante su propio desarrollo espiritual, Palomares tiene, como pocos, clara y certera visión del quehacer poético de nuestro tiempo. Sin proponerse deliberadamente nada. Poesía, ni intelectual ni ingenua, nacida de un asiduo combate con la realidad, con las ideas, con los matices, flexiones y sugerencias de las palabras, la de Palomares debe muy poco al esfuerzo tardío de las convenciones literarias o a los artificios de una formación libresca. Metido en la grandeza del mundo, atento a los más puros hallazgos del hombre en la tierra, surge con un ímpetu embriagador y saludable en medio de las monsergas líricas y los remedos épicos de gran parte de la poesía venezolana.

…..Concluye el investigador y crítico literario diciendo: «No sabemos qué futuro espera a Ramón Palomares como poeta. Por las excelencias de su primer libro, por su innegable vocación creadora y por su voluntad de hacerse un destino, creemos que ha de ser luminoso y fecundo».
…..Vendría Paisano (1964), libro escrito en Boconó, y en el cual, según Oscar Sambrano Urdaneta «todo el paisaje que en él aparece, así como los animales y los hombres, están tocados por el mito, envueltos en un sutil resplandor que el poeta ha robado al mágico mirar de los hombres de campo, ignorantes en letras, pero capacitados para mirar mágicamente al mundo».

 

Pedagogía y poesía

En los años de su estadía en Boconó, que él evocaba como años de militancia política y de amor, también fueron años de trabajo pedagógico. En ese tiempo escribió también El vientecito suave del amanecer con sus primeros aromas.
…..Que el joven viva las conmociones de la tierra, entre en el paisaje y lo cante, pareciera ser el sentido de los Talleres de Poesía que Ramón Palomares fundó en Boconó entre los años 62-64 del pasado siglo.
«Cojan el camino de Niquitao y oigan resoplar el río Burate», ordenaba el Maestro a sus estudiantes. «Vayan hasta donde se produce el encuentro del Burate y el Río Boconó. Vayan amaneciendo y luego escriban la experiencia». Esto me lo contaba, muchos años después, el poeta Gilberto Ríos, uno de los integrantes de aquel taller.
…..Y uno puede afirmar que el taller sigue abierto, pues cuando uno lee una página de El vientecito suave del amanecer con los primeros aromas o de Paisano, escucha el canto de los gallos, oye tararear la tierra y mira el despertar del mundo gota a gota.
…..No vaya usted a creer que el poeta suspendió su taller. Allá en Niquitao, la profesora Mireya Briceño continúa la siembra poética de Ramón Palomares. Con él estuvimos en aquella aula encantada donde los niños parameños reescriben, vocean y reinventan sus poemas.
…..Ramón saldría de Boconó perseguido políticamente. Y seguiría construyendo una obra que también estaría cruzada por el estudio de la historia de nuestro país.
…..Así, nacen los libros Honras fúnebres (1965), Santiago de León de Caracas (1967), Adiós Escuque (1974); con el cual obtuvo el Premio Nacional de Literatura, Elegía 1830 (1980), Mérida, elogio de sus ríos (1985), Lobos y halcones (1977), Alegres provincias (1988); Vuelta a casa (2007), entre otros.
…..Ese destino luminoso y fecundo, que en 1958 profetiza Guillermo Sucre, se cumplió: la obra de Ramón Palomares pobló la tierra de una belleza eterna.

 

Yo, el resplandor

El día que marchó a la eternidad, el 4 de marzo de 2016, Ramón Palomares conservaba plena lucidez. Los últimos días de su vida leía a los poetas amigos, crónicas de viajeros antiguos y libros de ciencia. Leer sobre el cerebro humano era uno de sus temas preferidos; seguramente buscaba explicación sobre el destino humano.
…..«Vamos al Jardín Botánico» –me decía– aquellos días en que yo iba a Mérida y su salud nos permitía dar un paseo por sus lugares preferidos. Tomábamos el camino de La Hechicera, y allí, a un lado de la Facultad de Ciencias Forestales, entrábamos al Jardín Botánico. Lo envolvía el silencio; se volvía un sólo mirar y tocar. Acariciaba las plantas y cuando regresaba de su ensoñación las nombraba por su nombre común y científico. Auscultaba el paisaje y siento que recordaba. Él nació en un jardín, en aquel Escuque que en 1935 tenía apenas 2.000 habitantes, y los patios y solares eran una sola sombra de guamos, bucares y caracolíes, porque abajo crecía el café que daba nombradía a aquella comarca enneblinada.
…..En varias oportunidades compartí con él en su casita del Páramo de La Culata. Caminábamos a las orillas del frailejón, o en San Javier del Valle adentro, bajo la sombra de los fresnos. Su libro Mérida, elogio de sus ríos da razón del encantamiento del poeta por aquel paisaje que hizo suyo. Lo habitaba el resplandor, la memoria que atesoran las aguas, y como un iluminado devolvía la eternidad del río en cada verso suyo.
…..Cuando nos encontrábamos en Trujillo desandábamos El Reino. Vamos al Boquerón –me indicaba–, o nos íbamos camino de El Palmar. Con el poeta Jesús Enrique Guédez hicimos una vez el recorrido. El poeta Guédez filmaba Saludos precioso pájaro, película dedicada a Ramón Palomares. Fueron días muy hermosos, de grata recordación para el poeta.
…..Ese era Ramón Palomares, el hombre que nos sigue viendo desde el cauce de un río o desde los ojos de un niño campesino. Basta con abrir cualquier libro suyo para ponernos a llorar, a cantar, o a soñar. Para estremecernos ante una obra que tiene una piel sagrada, pues está hecha de la hondura más honda del corazón humano.
…..El libro Yo, el resplandor surge de las páginas inéditas que dejó el poeta. He tenido acceso a ese tesoro con la autorización de su familia, de su esposa María Eugenia Chávez. Junto a Gonzalo, su hijo menor, y mi compañera Omaira hemos transcrito sus poemas, los escritos a máquina y los manuscritos en pequeñas libretas.
…..El criterio para esta edición fue dividir la obra en tres partes. La primera, el libro titulado Yo, el resplandor, el cual consta de 89 poemas, sin título, pero numerados, tal como los dejó el Maestro manuscritos en una libreta. La segunda parte, Flor de eternidad, es una recopilación de textos, escritos a máquina, que extravió el poeta a mediados de los años 70, y que fueron entregados a su familia en un homenaje póstumo que le hicieron en Mérida en el 2017. Algunos de esos poemas pudieran ser un antecedente de su libro Alegres Provincias, publicado en 1988, en homenaje a Humboldt. Y la tercera parte, Poemas sueltos, escritos a máquina originalmente por el poeta, en distintas décadas, unos con título y otros no.
…..En general, es la obra de un poeta universal. Un poeta que vuelve al origen en cada texto. El libro comprende poemas de los años 60, 70, 80, 90 y algunos de principios del siglo XXI. Vale destacar, que esta es la segunda publicación de textos inéditos de Ramón Palomares. La primera obra, titulada Crónicas del Aire (Fondo Editorial Fundarte, 2017) contiene: memorias, discursos, anotaciones, poemas sueltos y una entrevista que le realizamos en vida.
…..Escuchemos parte del texto que escribió nuestro poeta Gustavo Pereira como uno de los prólogos para este libro:

Ramón Palomares integra el género de poetas que han recobrado con orgullo, como hijo de una cultura y una historia, la parte que le toca de esa pertenencia desde el alma y para el alma. Su poesía rescata la otra poesía, la ocultada casi siempre en los manuales, la del habla de los siglos transformada en hechizo, ternura y portentos recobrados. En este libro confluyen los temas eternos del poeta enraizado en su reino de resplandores, pero que no reniega de otras savias inmortales.

…..Por su parte nuestro querido poeta, Luis Alberto Crespo, aquí presente, en un hermoso texto que escribió para el libro Yo, el Resplandor, señala:

Acercarse hoy a su lectura regala el descubrimiento de una poesía humboldtiana, esta vez liberada de la glosa que le diera génesis, atribuida sólo, ahora, al arte figurativo y lírico del maestro. Obra de incalculable belleza es de quien hiciera alianza con el afuera del aroma, el murmullo y el canto, trasuntada en motivo de orfebrería. Su frecuentación, hoy, que vive la perpetuidad de su publicación, es gozo. Alcanza Palomares en ambas obras una hasta ahora desconocida maestría, una urdimbre encantada, entre dulzura y rudeza, aspereza y sedosidad, identidad y desdoblamiento, puramente Ramón Palomares, tocado por una sorprendente perfección de lo maravilloso.

…..Concluyo esta presentación con un poema dedicado a nuestro querido Maestro, quien nos sigue hablando desde la eternidad:

No es verdad que mirar se reduce
a lo que ven los ojos.
Yo conocí a un hombre que cuando
se detenía a mirar, lo hacía hacia adentro.
Veía los siglos, la infancia, los caminos.
Miraba a borbotones, como un río que engullera el paisaje.
Su mirar se tragaba los pueblos
y luego los reescribía.
Uno sabía, entonces, que detrás de aquellas ruinas
el amor florecía y vive.
«Vengan», decía, «que conmigo escucharán
los cantos que me consintieron.
Ya les voy a soltar este pájaro».
Y se echaba a volar él mismo.

 

 


Pedro Ruiz (Trujillo, Venezuela, 1953). Poeta, cronista. Maestro honorario de la Universidad Nacional Experimental de Las Artes (Uneartes). Fundó la Bienal Nacional de Literatura Ramón Palomares (2003) y el Fondo Editorial Arturo Cardozo (2001). Ha ejercido el periodismo cultural en diarios y revistas. Miembro directivo fundador de la Red Nacional de Escritores Socialistas de Venezuela, y miembro del equipo Coordinador de la Escuela Nacional de Poesía «Juan Calzadilla». Fue el poeta homenajeado del 17 Festival Mundial de Poesía de Venezuela 2023. Es autor de los libros de Poesía: Con el río a la espalda (1985); Estación posible (1995); Campesinos. Antología poética (2009); Ojo de agua (2022), Con el río a la Espalda, Antología Poética (2023), Y de Crónica: La memoria de Aragua, volúmenes I y II (1990-1992); Palo Negro ayer y hoy. Crónicas de su vivir sencillo (1992); La mano que talla. Artesanía y arte popular de Aragua (2000); Otilio Galíndez, un poeta que canta la patria (2006); Ramón Palomares. Habitando el reino (2007); Dos poetas cantan la patria: Ramón Palomares y Otilio Galídez (2007); Tiempo y tinta. Una lectura de los saberes del pueblo venezolano (2016).

La composición que ilustra este paisaje de Abisinia fue realizada a partir de la obra Perseverance,
material y técnica: hierro pintado, 2020 – 2023,
del artista venezolano © Daniel Suarez

 

año 4 ǀ núm. 18 ǀ octubre – noviembre – diciembre 2023
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , Last modified: diciembre 17, 2023

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