Escrito por: 1:10 am Alteridades, Queer

Romper este silencio con palabras precisas

Entrevista a Margaret Randall

 

Por Andrea Juliana Enciso

 


 

Siempre antes de empezar la siembra, de dar inicio al viaje en el que hemos puesto todo lo que tenemos, buscamos a los espíritus mayores para que nos guíen con su terquedad y su sabiduría. Los leemos y escuchamos para tener valor en la empresa de asumir quienes somos, en particular a aquellos quienes han sido fieles a sí mismos. En esa disposición abrimos este espacio para literatura LGBTQI con una de las figuras icónicas en la poesía continental contemporánea: Margaret Randall (New York,1936).

Tal como ella misma se describe: “Luchadora, lesbiana, amante, madre, abuela y bisabuela”, Margaret a lo largo de su extensa carrera ha sido premiada con varios galardones y reconocimientos. Entre ellos están el Premio Dorothy Doyle Lifetime Achievement del PEN de Nuevo México (2004), la Medalla al Mérito Literario en Ciudad Juárez, México (2017), la Medalla Haydée Santamaría de la Casa de las Américas de Cuba (2019), los premios Poeta de Dos Hemisferios de Ecuador (2019) y el AWP George Garret de Estados Unidos (2020). Su voz desde Sudáfrica, México, Cuba, Nicaragua, Estados Unidos hasta Argentina, ha sido reconocida por su conexión con la existencia de aquellos que afrontan la vida desde la precariedad y la dureza de la divergencia.

Con la lentitud propia de la poesía, la nuestra fue una conversación de palabras dichas antes de ser escritas. Al comentarle en mi primer correo sobre mis ideas para entrevistarla, Margaret me respondió “Ahora más que nunca pienso que es importante nombrarnos, no solo como lesbianas, sino en la totalidad de lo que somos: lesbianas, mujeres, feministas, poetas, rebeldes, amantes de la justicia, etc…”. Ante su respuesta, mis preguntas escritas a lápiz en mi libreta, parecían ser el presagio de una conversación llena de esperanza, pero también de retos en tiempos de pandemia, neoliberalismo salvaje y autoritarismos neoconservadores para quienes vivimos en los extramuros de la heteronormatividad patriarcal.

Agradecida con su generosidad y amabilidad a la hora de responder a mi propuesta, transcribo nuestra entrevista.

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Margaret ¿Por qué es importante escribir como lesbiana? ¿por qué es tan importante nombrarse dentro del texto y que nuestra sexualidad, nuestra diferencia, no quede limitada a un dato curioso fuera de la página?

Es importante escribir como lesbiana, si lo eres, por la misma razón que es importante escribir desde todas las partes de tu ser. Hay que escribir desde quien uno es, siempre. De otra manera no estás escribiendo tú, sino cualquiera en tu lugar. Simplemente estás reusando viejas palabras, viejas experiencias. Yo creo que la única manera de aportar nuestra individualidad, nuestra mirada particular a lo que hacemos, es haciéndolo desde todas las partes de lo que somos. Además ¿Por qué decir que ser lesbiana es “nuestra diferencia”? ¿Nuestra diferencia frente a qué? Ser heterosexual podría, igualmente, nombrarse “diferencia”.

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En las casi 7 décadas de escritura ¿Cómo ha sido tu proceso de construcción, toma de consciencia y reflexión de tu voz poética como feminista, madre, activista, mujer diversa cruzada por múltiples geografías y lenguas?

De alguna manera, y por razones que solo recientemente empiezo a conocer a fondo, yo siempre he actuado desde la persona que he sido. Claro, en cuanto entiendo a esa persona. Es decir, cuando era una joven provinciana que apenas empezaba, mis textos eran románticos, un tanto cursis… no podrían haber sido de otra manera. Pero en la medida en que iba adquiriendo conciencia —primero una conciencia de las injusticias sociales, después una conciencia feminista a fines de los años sesenta— todo lo que hacía llevaba esa conciencia. Ha sido un proceso lógico. Antes de ser madre, por ejemplo, no podría haber escrito desde la conciencia de madre; después sí. Antes de saber lo que era encontrarme en medio de una guerra —en los años ochenta en Nicaragua— no podría haber escrito de la guerra con autoridad. Y así sucesivamente.

Al mismo tiempo, aunque yo solo escribo en inglés (sobre todo la poesía), el haber vivido en América Latina por casi un cuarto de siglo me ha influido profundamente: en cuanto a la lengua y la diversidad cultural en particular mexicana, cubana y nicaragüense. Mis hijos se sienten latinoamericanos. Dos de mis hijas viven en México, mi hijo en el Uruguay. Y como traduzco del español al inglés, de alguna manera el español también reside dentro de mí.

A la vez, la geografía, el paisaje, siempre ha sido importante en mi vida y en mi obra. El paisaje del alto desierto, acá en el suroeste de Estados Unidos, es mi tierra. Vive en mi ser y en mi poesía. Este gran cielo azul abierto, estos cañones profundos de roca roja, los cactus y demás vegetación desértica están muy presentes en mis textos. No siempre explícitamente, pero siempre implícitamente. La cartografía de esta tierra es la cartografía de mi ser interior, mi ser más íntimo.

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¿Qué relación hay para ti entre escribir como mujer queer y la lucha contra la injusticia?

La relación entre escribir como mujer queer y la lucha contra la injusticia es bastante obvia, pues la homofobia y el heterosexismo son injusticias, así como lo son el clasismo, el sexismo, el racismo y la xenofobia. Todo grupo menospreciado o brutalizado tiene que luchar por su dignidad y sus derechos. Esto se refleja naturalmente en lo que escribe uno. Está allí, en una especie de subtexto, aún cuando uno está escribiendo sobre otro tema. Y conste que no hablo de “poesía política” o “poesía de protesta”. Son etiquetas que a menudo se aplican a mi obra y que rechazo totalmente. Yo escribo de todo: el paisaje, el amor, el miedo, la muerte, las luchas… pero todo lo que escribo tiene ese matiz de conciencia que es la mía.

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Lenguaje y diversidad ¿Hay para ti alguna diferencia entre la voz poética diversa y la heteronormativa? ¿Tienen los mismos espacios poéticos para nombrar la cotidianidad y la experiencia social?

Creo que, por mis respuestas anteriores, queda bastante claro que para mí hay que escribir nombrando, nombrando, nombrando el silencio y los secretos, las mentiras, ¡cómo los detesto! Las mujeres de mi generación han aprendido que hay que decir las cosas por sus nombres. El silencio mata, ha matado. Como artistas, yo creo que tenemos que crear los espacios para nombrar nuestra cotidianidad y nuestra experiencia social. Muchas veces es allí donde reside la verdadera poesía.

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Cuando se nombra desde la diversidad, desde la diferencia ¿Cuáles son los retos como poeta a los que te enfrentas?

Si tienes mi edad, ninguno. Por lo menos ningún reto exterior. Porque yo ya sé quién soy y cómo tengo que hablar. Por supuesto, si estás hablando de alguien que empieza, a quién le importan los puestos académicos, las becas, los premios,los retos están allí. Y muchas veces, desgraciadamente, son demasiado grandes para vencer. La sociedad nos reta siempre. Para ser fiel a uno mismo, muchas veces hay que tomar decisiones que no nos van a favorecer económica o profesionalmente.

Ahora sí, puede haber retos interiores. Y esos los tenemos que buscar y vencer en la medida en que los conozcamos. Te cuento, Andrea Juliana, que yo fui víctima del acoso sexual de mi abuelo materno cuando apenas tenía meses de edad. No tenía habla todavía. Desasocié y enterré la experiencia por muchísimos años. Tenía casi cincuenta hasta que pude recuperar la memoria en una sesión de psicoterapia. Entonces empecé a escribir poemas que hablaban del incesto, de una invasión física y psíquica largamente oculta. En uno de esos poemas dije:

La lluvia hoy casi oculta mis montañas.
Las nubes bajas andan desparramadas entre las rocas.
Los colores de la lluvia y las nubes lo limpian todo.

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Hablo de la lluvia, de las nubes, de los vivos colores
de esta tierra
porque me resulta casi imposible

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romper este silencio con palabras precisas:
mi abuelo era perverso, un hombre malo
que fingía ser curandero.

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Ahora recupero sus manos y sus ojos
su pene colmando mi boquita de niña
cuando forzó la entrada a un cuerpo, el mío,

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cuerpo para el que es más fácil todavía razonar que sentir (…)(1)

 

Menciono el incesto como un ejemplo de cosas que pasan y que te reten a desenterrarlas, hablar de ellas, convertirlas en arte y en poder.

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Si tuvieras que nombrar un linaje de poetas, de ancestras y ancestros queer ¿Cuáles serían tus influencias?

Empezaría con Sappho. Después Sor Juana Inés de la Cruz. Luego Adrienne Rich, June Jordan, Joy Harjo, Mark Behr, Alejandra Pizarnik, Audre Lorde, Susan Sherman, Janice Gould, Cedar Sigo… la lista es larguísima. Y seguramente hay muchas voces que no he escuchado, puesto que publicar para las mujeres todavía es mucho más difícil que para los hombres.

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En algunos de tus últimos libros Espejos cortados a la medida (2019) y Against Atrocity (2019) hay un elemento hermoso que es la presencia de la vejez, la erosión y la muerte como ejes articuladores de una voz que se reconoce frágil en un mundo que también se extingue ¿Cuál es el potencial insurgente de nombrar el desgaste, el amor y la belleza de una vida compartida en la poesía? ¿Cuál es la rebeldía que tiene llamar a la muerte y a la vejez por su nombre cuando se ama a otra mujer, cuando se ha recorrido el camino y se deja huella de ello? Te lo pregunto pensando un poco en el contraste que ofrece tu propuesta en contraposición de la estética LGBTQI, en la cual por décadas la belleza ha radicado en el cuerpo joven o en la presencia que nos expulsa de la insulsez de la historia, de la obligatoriedad del mundo productivo.

Hay una fuerte presencia de la vejez y de la muerte en mi obra ahora porque yo tengo 83 años. Son cambios que estoy viviendo, y como todo lo que vivo, entran en mis poemas. Yo nunca he sido esa mujer que publica retratos tomados hace veinte o treinta años, pues estoy orgullosa de mis arrugas, de mi pelo blanco, de todos esos cambios físicos que anuncian la edad. Quiero hablar también de los cambios interiores: las lagunas de la memoria, la pérdida de palabras, tener que dejar de caminar en el monte, todas esas cosas. Con la edad perdemos mucho, pero también ganamos: en sabiduría, y en la capacidad de hacer conexiones. Estoy orgullosa de ser mujer, luchadora, lesbiana, amante, madre, abuela y bisabuela. Estoy orgullosa de la relación que tengo con mi esposa, una relación que ya va para 34 años. Para nosotras la belleza no radica en los cuerpos jóvenes, sino en los cuerpos con coraje, fieles, creativos, amorosos. Esas son las cualidades que para nosotras hablan de la belleza verdadera, la que está dentro de uno. Además, tiendo a creer que esa estética de la cual hablas no es tanto una estética LGBTQI, sino más bien una estética de jóvenes. Con la edad uno, ya sea homosexual o heterosexual, valora más las cualidades interiores sobre las exteriores.

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Ya para cerrar, Pandemia y poesía ¿Cuál es el aporte de las voces diversas a la situación global actual del mundo plagado de injusticia, racismo, machismo y segregación en el que parecemos vivir hoy?

La pandemia del COVID-19 nos ha cambiado. Y nos sigue cambiando. Y no solamente por su amenaza a la salud, a la vida, sino por cómo está desenmascarando las diferencias sociales, las enormes injusticias, un panorama, un paisaje nuevo. Quisiera pensar que esta crisis nos mostrará la necesidad de establecer otra forma de vivir, otra organización social, basada en la ayuda mutua y en la compasión en vez del odio y la explotación. Pero no soy optimista. He visto mucho para creer que realmente vamos a cambiar en ese sentido. Desgraciadamente, creo que después de la crisis —si hay un después— volveremos a las mismas injustas relaciones sociales. Ojalá que aprendamos algo.

Cuando comenzó esta crisis, yo empecé a escribir poemas desde y acerca de la pandemia. Escribí uno, dos, a veces tres o cuatro en un solo día. Era como una si una fiebre se apoderaba de mí. Entre marzo y mayo de este año escribí febrilmente, a veces casi en trance. Puse los poemas en mi página de Facebook y tuvieron una buena respuesta. Así es que de repente me di cuenta que tenía un libro: Starfish on a Beach: The Pandemic Poems / Estrellas de mar sobre una playa: los poemas de la pandemia. El libro se publicará en Estados Unidos por Wings Press, y una edición bilingüe —con traducciones maravillosas de Sandra Toro— saldrá en una coedición por Editorial Abisinia de Buenos Aires y Editorial Escarabajo de Bogotá. Sandra vio el primero de esos poemas en mi página de Facebook y me preguntó si podía traducirlo. De allí es que surgió la versión en castellano del libro. Así es que el proyecto de traducción también fue producto de esta crisis: otra prueba de que los tiempos difíciles también pueden promover el arte y la colaboración.

Yo creo que esta pandemia ha producido mucha poesía escrita por muchos poetas alrededor del mundo. Yo no soy la única. La poesía nos revela la verdad que muchas veces no nos da la prensa ni los libros de historia. Nuestro deber como creadores es decir las cosas como son, ser testigos de nuestro tiempo. En particular ahora con la situación de brutalidad policial que tenemos en Estados Unidos de sistema fuera de control con una larga lista de hombres negros asesinados por policías blancos. Lo más importante es que ha habido una extraordinaria respuesta popular. Por primera vez, quizás, en la historia del país hay una confrontación al racismo endémico. Y las protestas no cesan. Esto me da algo de esperanza después de muchos años.

Por último, Andrea Juliana, quiero agradecerte estas preguntas tan relevantes y profundas. Espero haberlas podido responder como merecen.

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Notas

1. Primeras líneas del poema “El cesto de tapa verde” del libro Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe (Poemas 1985-1995),

Ediciones Hiperión, Madrid, España, 1999. Traducción de Víctor Rodríguez Núñez.

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:Margaret Randall. Poeta, escritora, fotógrafa, militante feminista y activista social. Es autora de más de 150 libros de poesía, ensayo e historia oral. Nacida en Nueva York en 1936, vivió por largos períodos en Albuquerque, Nueva York, Sevilla, Ciudad de México, La Habana y Managua. También mantuvo breves residencias en el Perú y Vietnam del Norte. En 1990 se le otorgó el Premio Lillian Hellman y Dashiell Hammett para escritores víctimas de la represión política. En 2004 PEN Nueva México le entregó el primer Premio Dorothy Doyle por una vida dedicada a escribir y al activismo en favor de los derechos humanos. En 2019 Casa de las Américas (La Habana, Cuba) le otorgó su Medalla Haydée Santamaría y la Universidad de New Mexico le confirió el Doctor Honoris Causa en Literatura. En 2020 fue merecedora del George Garrett Prize de AWP. Los últimos libros de poesía de la autora son She Becomes Time (2016), The Morning After: Poetry and Prose for a Post-Truth World (2017) y Against Atrocity (2017).

La compisición que ilustra este post fue realizada a partir de una fotografía de la poeta perteneciente a Pascual Borzelli

 

año 1 ǀ núm. 1 ǀ septiembre – octubre 2020
Last modified: enero 19, 2021
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