Escrito por: 1:05 am Minificción, Narrativa

La amante del pastor

Elisa de Armas

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El maquinista

Las pocas veces que paramos, el hombre viene a pedir un poco de agua de la caldera. En ese vagón abarrotado y pestilente se empeñan en bañar al bebé. Ha ido trayendo algún dinero, el reloj, unos pendientes de perlas… Hoy, por señas, me dice que no le queda nada. Le señalo las botas, el cuero es bueno y él ya no va a necesitarlas. Se las quita y marcha descalzo, entre la niebla, cargando con el último cubo. Mañana llegamos a Auschwitz.

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La amante del pastor

Sus dedos recorren la piel fresca del muchacho y se detienen en cada marca. Le gusta escuchar las historias que desgrana para ella. La disputa con la hermana chica que le dejó el cerco borroso de unos dientes de leche. Las pedreas contra los chiquillos de la aldea vecina y el canto afilado hincándose en la ceja. Los varazos del maestro. El brazo que se quebró luchando en la palestra y tuvo que entablillarle una curandera.

Ella no habla de sus cosas. Cuando él pregunta, lo besa con labios ardientes y lo obliga otra vez a entregarse al amor. Y aunque goza del juego apasionado, Venus, nacida ya adulta de la espuma del mar, cambiaría su piel impoluta y su belleza por haber sido niña y tener una infancia que contarle.

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Clausura

Sor Josefina Ndongo tenía el canto más alegre del convento de la Piedad. Sus trinos y arpegios jubilosos atravesaban las rejas doradas del coro y reverberaban en la capilla. Solo la madre superiora, atenta siempre a su rebaño, advertía que la tez oscura de la novicia viraba al amarillo mientras la cara y las manos se le iban cubriendo de plumas.

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Sequía

Los nubarrones huían sin aliviar la tierra sedienta. Mientras los guerreros danzaban invocando la lluvia, los pequeños, con redes y flechas, capturamos una nube pequeñita. No llegó a crecer. Sola y asustada, se deshizo en un charco de lágrimas que no sirvió ni para que bebieran los perros.

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Duelo

Al anochecer, buscando calor, nos apiñábamos en torno a su figura esbelta y blanca. Después, poco a poco, con las escasas lluvias y los lamidos de las ovejas de nuestro padre, Lot, madre acabó por desaparecer dejando un cerco salado en la tierra.

 

                                                                                                                          Inéditos

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Elisa de Armas. Nació en Sevilla, España, y se ha ganado la vida como profesora de Lengua y Literatura en la enseñanza secundaria. Ha resultado ganadora y finalista en diversos concursos de microrrelatos, relato breve y cuentos infantiles. Participa en varios portales de difusión de la ficción breve, entre los que destacan Esta noche te cuento y La Marina, taller de minificciones de la editorial mexicana Ficticia. Sus textos han aparecido en antologías colectivas en España, México y Perú. En solitario ha publicado la antología personal No olvides la serpiente (Lima, Quarks ediciones digitales, 2020). Desde 2010 mantiene el blog Pativanesca.

La composición que ilustra este post fue realizada a partir de la obra Nuns under Threat del artista Eugene de Blaas.

 

año 1 ǀ núm. 1 ǀ septiembre – octubre 2020
Last modified: noviembre 12, 2020
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