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Full de reinas, 7 poetas del Ecuador

Nota crítica y curaduría Aleyda Quevedo Rojas

 

 

El lenguaje tiene que herir, la poesía tiene que estremecer.
ALDA MERINI

 

Con nuestro poeta nacional: Jorge Carrera Andrade (Quito, Ecuador, 1902-1978), iniciaré algunos apuntes para recorrer las habitaciones interiores, las intuiciones, las geografías y los climas, las texturas, los silencios, las emociones y los mundos literarios y estéticos de 7 poetas contemporáneas del Ecuador:

Sólo encontré dos pájaros y el viento,
las nubes con sus mapas enrollados
y unas flores de humo que se abrían buscándome
durante el vertical viaje celeste.
Porque vengo del cielo
como en las profecías y en los himnos,
emisario de lo alto, con mi uniforme de hojas,
mi provisión de vidas y de muertes.

Carrera Andrade, posiblemente sea la voz y la obra más depurada dentro de la potente tradición de la lírica ecuatoriana, donde también me resultan imprescindibles y esenciales los poemas de: Medardo Ángel Silva, Zayda Letty Castillo, Alfredo Gangotena, Mary Corilé, Gonzalo Escudero, Hugo Mayo, César Dávila Andrade, Lidya Dávila, Aurora Estrada i Ayala, David Ledesma, Francisco Granizo, Carlos Eduardo Jaramillo, Efraín Jara Idrovo, Jorge Enrique Adoum, Ileana Espinel, Fernando Cazón Vera, Sonia Manzano Vela, Javier Ponce, Iván Carvajal, Mario Campaña, Jorge Martillo, Paco Benavides, Edwin Madrid, Roy Sigüenza, Carmen Vásconez, Sara Vanégas y Maritza Cino.

Esa potencia en las imágenes que marca Carrera Andrade la sigue fielmente, Sonia Manzano Vela (Guayaquil, 1947), poeta, narradora, ensayista y pianista quien ha marcado un camino en las letras de las nuevas generaciones de escritoras ecuatorianas, desde un tono poético de ironía persistente y la construcción de la mujer sagrada y a la vez transgresora que bucea en las aguas del amor, el deseo y el lenguaje que lo trastoca todo. «Soy de las que creen / que más poder tiene una mujer que escribe / que una mujer que llora». Estos versos son un manifiesto, una postura de libertad de una mujer que se halla consagrada a las palabras y desde allí es el ave que todo lo atropella; que es el verso que da título a su más consistente y reciente antología personal publicada en la Colección Almuerzo del Solitario del Centro de Publicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en el 2018. Este libro de referencia obligada nos devela a una poeta que influye sobre las nuevas generaciones.

Considero que, con Manzano Vela, Violeta Luna (1943) y Sara Vanégas (1950) se define una tríada esencial que ilumina el camino de la poesía que escribirán las poetas nacidas a partir de 1970. Sus propuestas poéticas derivan hacia caminos metafóricos diversos, pero dentro de una misma búsqueda del lenguaje: libertad, experimentación y belleza. La belleza que aletea en el vuelo de un colibrí, pájaro emblemático del Ecuador. Y desde esa levedad, precisión, irreverencia y constante transgresión, aparecen nuevos nombres de escritoras que están labrando un proceso artístico dentro de las artes literarias.

Desde el oficio de poeta, editora, ensayista literaria y lectora, y desde el trabajo de compiladora plural, que nunca se separa de una regla de oro: «conservar la ética de que si eres antologadora, compiladora y curadora nunca te incluyas como autora-poeta. Pues es harto engorroso y de muy mal gusto ser juez y parte de toda fiesta», me propuse seleccionar esta muestra de 7 poetas actuales del Ecuador por invitación del poeta, editor y ensayista Fredy Yezzed para Abisinia Review. Con el querido Fredy mantenemos una fuerte complicidad poética y compartimos el reto de que los escritores, además, de escribir buenos libros, tenemos la tarea constante de visibilizar y difundir la obra de otros; otros poetas a quienes leemos y admiramos, tanto como queremos, aunque esta tarea signifique invertir horas y días que bien podríamos dedicar a nuestra propia obra. Sin embargo, ser editor, curador y antologador, contribuye al consumo amplificado de la poesía y a su circulación por nuevos circuitos y plataformas, más allá de los cánones y capillas que imponen la academia y los medios.

Desde mi ojo lector y viajero, que luego de buscar, indagar, leer, escuchar y preguntar, encontró en éstas 7 voces, mucho de lo que la poesía debería contener, según mi punto de vista: misterio, rigor, intuición, secretos, conocimiento, emoción, autenticidad, capacidad de comunicar, intensidad y mucho trabajo. Lo que, en síntesis, sería algo así como «pasar de la gravedad a la gracia», pensando y citando a Adam Zajaweski.

Y de la mano del poeta y crítico peruano radicado en España, el muy querido Martín Rodríguez Gaona, quien sostiene que «la poesía es una intuición y una exaltación, pero también es una disciplina y una ética», pensamiento que comparto absolutamente, decidí abrir esta muestra con la poeta esmeraldeña afrodescendiente Yuliana Ortiz Ruano, nacida en 1992 y, cerrar con la poeta guayaquileña radicada en Estados Unidos, Ana Cecilia Blum, de 1972. Bordando así un tejido de siete voces muy consistentes, poderosas, irreverentes y emocionantes que han creado un amplísimo universo literario que fusiona la tradición con la experimentación dentro de un río universal que renueva el lenguaje, lo retuerce y vuelve a colocar en sus formas metafóricas más bellas y dolorosas. Es un período de más de 45 años donde se han labrado trayectorias literarias con libros muy significativos y universos literarios únicos en el ámbito de las letras de Ecuador para Hispanoamérica.

Yuliana Ortiz-Ruano es la más joven de esta selección de poetas. Con tres libros publicados y un título en la carrera de artes literarias, ha construido un universo literario fuerte que se cimenta en parentescos y relaciones extrañas o entre extraños, entre elementos que aparentemente no tiene conexión, pero que sí la tienen en su enigmático discurso poético. Desde la música, la mitología esmeraldeña, hasta los cantos y arrullos de su Limones natal, un pueblo tan pequeño como las pequeñas cosas que ella conecta en las aguas de sus versos, con brillos ancestrales, brillos de dolor guardado, brillos de opresión. En su libro «Canciones desde el fin del mundo» el lenguaje sí hiere, hiere y devela la violencia sexual contra las niñas y las mujeres, hiere en rojo y desgarra porque nos enfrenta a la familia como esa casa de horror y constante peligro, esa casa donde tíos, primos y amigos de los padres violentan tu cuerpo y solo puedes agarrarte del lenguaje, de los ancestros, de la misma tragedia, para desde allí saltar a la fiesta que a veces te entrega la vida. Llorar y celebrar, escribir y gritar. La escritura es un cuerpo que enfrenta el dolor y va mutando.

El deseo ensalivo, escribe Valeria Guzmán, y su voz va colándose por las rendijas de la casa de Eros. Y su tono se enrosca muy sutil en las márgenes del tiempo. El deseo de construir una literatura desde la densidad que merece la poesía. El deseo que no es posible guardar en ningún estuche porque pertenece a la libertad. El cuerpo del deseo que agrega más pulsiones a las letras que como ofidias inyectan veneno, imaginación, misterio y verdad. Es que la poesía de Guzmán viene de esos tejidos clásicos y cultos que se bifurcan hasta trenzarse con hilos de líricas más actuales y postfeministas. Hay encantamiento en sus palabras. Hay música antigua en sus versos nuevos que beben de la tradición.

Gabriela Vargas con dos altos y desgarradores libros publicados, confirma su lugar en la poesía ecuatoriana. La muerte de la madre como un dolor que se camina lento sobre la fogata de las palabras vivas hasta recorrer la ruta de la ceniza, que es el luto, que es la perpetua angustia y el vacío; hasta su segundo libro, el premiado «Lugares que no aparecen en las guías turísticas», donde los personajes dolorosos develan la expulsión, la marginación, el abuso, el desarraigo y la violencia que marcan este tiempo oscuro. No hay límites en el mundo que no aparece en las rutas de los turistas. Hasta atisbar en su texto inédito un nuevo registro dentro del inagotable tema de la maternidad.

Un corazón no es un corazón, no es un corazón, no será una rosa, es una puerta o un concepto disparando la última bala al centro del cerebro. Disparar versos al cerebro, disparar como irrumpir, disparar como sacarte de tu zona de confort con las palabras que cuestionan, disparar como desbordar conceptos para rehacerlos nuevos, este es el sello de Andrea Crespo, desde Libro Hémbrico hasta sus nuevos textos, la función poética se desenvuelve en un campo abierto en constante transformación donde el cuerpo salvaje y vidente pasa de ser una mujer a convertirse en escritura.

La poesía de Paulina Soto Aymar se mueve por las aguas oscuras y turbadoras de lo que amenaza siempre con derrumbarse. De lo que se agrieta, de lo que se pierde, de lo que huye del resplandor, de allí parece que vienen sus versos. Dueña de una larga trayectoria de escritura de novelas de ficción, letras de piezas de rock, libros de crónica y ensayo crítico, su camino por la poesía refleja mundos auténticos que tienen tanto de ficción como de realidad.

La presencia demoledora, inspiradora, transgresora, tétrica y constante de la muerte (Tánatos) en la poesía de Davina Pazos es una característica de su proceso poético. La madre que llora la muerte del hijo; el amante que llora la muerte de su amada; la muerte que ronda y se toma el mundo… En sus tres primeros libros las voces poéticas narran las inagotables caras de la muerte. La cuerda tensa del dolor y el amor que se persigue habita sus siguientes trabajos. Su poética es un constante aleteo entre la muerte y su misterio; un cruzar la frontera de Eros y Tánatos. Su mayor reto: convertir el acto de morir en arte. Su camino en la escritura lo ha consolidado desde España.

La cuerda de la voz poética que se exilia, que se persigue y se aprende a conocer en sus intimidades, desde el templo de la enfermedad que se sufre y se vence, la sabe tensar muy bien Ana Cecilia Blum. En sus varios libros, el corazón arde hasta encontrar un centro íntimo y desesperado, un centro donde los datos sensoriales de la sombra, la nostalgia y el viaje, son al mismo tiempo ceniza y fuego de la memoria. Los poemas que he seleccionado para esta muestra corresponden a su libro más reciente La Poeta publicado en Miami en 2021, y me resulta un libro altamente equilibrado y maduro por ese reposo en el lenguaje que nos deja ver oficio, persistencia en la escritura y de su empeño en tallar el lenguaje.

Cierro esta selección nombrando a las poetas más jóvenes, a las novísimas que destellan con libros de claridad diáfana y fuerza volcánica, novísimas poetas que experimentan eso que la gran poeta ecuatoriana Violeta Luna definió como: «el trance lírico», es decir, el instante en el que se escribe el verso, el minuto cuando una confía su vida a la poesía. Allí están, siguiendo la tradición lírica de la poesía escrita por mujeres, Andrea Rojas y Camila Peña.

 

 

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Yuliana Ortiz-Ruano (Esmeraldas, Ecuador,1992) Ha publicado tres libros de poesía: Sovoz (Hanan Harawi, Lima, Perú 2016), Canciones desde el fin del mundo (Amauta&Yaguar, Buenos Aires, 2018 – Kikuyo Editorial, Quito 2020 – Libero Editorial, Madrid, 2021) y Cuaderno del imposible retorno a Pangea (Ediciones Libros del Cardo, Valparaíso, 2021). Fotografía de: Luisa Carvajal

 

 

El lenguaje de los huesos

¿Creerías si te digo que tus huesos me habían visto antes de empezar a amarnos?

1

La marea siempre trae consigo muerte
huesos y muerte
lenguaje imposible pero directo.
En la Tolita de los Ruano
vi por primera vez
los restos óseos de animales marinos
traídos hasta la orilla.

Mi abuelo dijo:
¿ves eso que traen las olas?
Eso es el retrato de lo que fuimos
porque somos muerte
acumulación de huesos que gritan
lengua que no podemos codificar.

2

En 1996 y con arena de mar en mis pupilas no supe entenderlo
solo a través de la ausencia
podemos hallar el tiempo
que se va junto con la marea
a reposar en otra isla

3

Mi abuelo dijo: ¿ves ese esqueleto de pez muerto?
Si quieres entender el tiempo
tienes necesariamente que inclinarte ante los huesos

4

En 1996 con arena atravesando mi cráneo
no pude abrir el canal de entendimiento
entre aquel hombre y mi niña insular.
Precisaba de ausencias y ruptura.

Yo
que nunca he roto ninguno de mis huesos
ahora entiendo
que es justo ahí
en esas no fisuras óseas
donde se esconde la posibilidad de olvido.

 

 

 

1992

Habías dicho que el ombligo es una isla en mitad del océano de piel tostada y cicatrizada por la arena y el sol/ Habías dicho que detrás de una sonrisa de dientes sanos también hay una espuma acumulada/ piel cubriendo una catástrofe aún no dicha/ por eso inexistente. / Nunca la boca ha dicho el deseo/ hablar es tejer agua sobre el vapor de los manglares/ hablar es atravesar el Guayas
caminando de puntillas sobre un tenso hilo de nailon/ ¿Eso es hablar?/ Bajar la cabeza tras una/ boca que se abre dentro de otra boca/ en la que descansa un árbol de bocas sonriendo./ He soñado en un mar de dientes/ un plancton nadando entre tus dientes/ pequeños huesos con la particularidad del brillo/ Sonreír es hacer una isla de dientes en el globo de la cara/ al igual que pestañear/ una isla dentro de mi pared es un murciélago graznando su existencia

he soñado con tus dientes
un millón de sonrisas caninas gritando en motivo insular/ decir es hacerse isla/ por eso me como tu nombre/ antes de hacer de agua el espacio que me separa de tus dientes.

Tus dientes se elevan en un rito sin nombre/ tus dientes vuelan alrededor de mi cara/ tus dientes completan un algo que tampoco sé decir/ porque es deseo.

Una máquina que se mueve como una isla.

Nunca he sentido más miedo/ que cuando llovió el dos de noviembre/ Limones/lista para sepultarse bajo una bóveda de agua/ y yo imaginaba el horror de no volver a ver tus dientes/ sobre la boca que no dice para no hacerse isla.

Nunca he sentido más miedo que en esa lluvia en Limones/ antes de San Martín.

Levanté a mi madre que ya no lo era/ en la habitación:
madre
tía
y hermana

eran tres islas distantes/incomunicables entre sí.

Yo elegí ser agua/ tierna agua niña de sal y arena/ capaz de acoger entre mis vientres a todas las mantarrayas del Pacífico

Nunca sentí más gozo que cuando voló una mantarraya ante mis ojos caballo/ sobre un bote a punto de hundirse caballo/ y las mantarrayas bailando para mí/ bajo un sol de pronta lluvia.

Caballo abrí la boca para recibirlos/ pero entró también un pez a comerse mi sangre/ a destrozar mi vesícula.

Nunca sentí otra fiesta que la de ese vuelo de aves cartílago de nohumano primero/ mientras Limones quedaba cementada por el agua/ yo deseaba ver una vez más tus dientes/ debajo de la isla de tu rostro chico y extraño/ un mar de dientes comiendo otros dientes/ pero siempre desde tu boca/ de la sonrisa plateada/ de la imposible isla que no quiero/ debajo del techo tejo el mar necesario/ isla como la última letra de tu nombre:

Voy a subirme a todas las mesas para servirme de banquete propio.

 

 

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Valeria Guzmán Pérez (Krasnodar, Rusia, 1988). Vive y trabaja en Quito. Poeta, traductora y lexicógrafa. Actualmente trabaja para la Academia Mexicana de la Lengua y para la Academia Ecuatoriana de la Lengua. Es directora del proyecto Mujeres al oído, audiocuentos y poemas sonorizados de narradoras y poetas ecuatorianas. La Casa de la Cultura Ecuatoriana publicó su libro Efusiva penitente en 2010. Obtuvo el Premio Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en 2009 con su poemario Constelada. En 2018 fue acreedora de los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura y Patrimonio del Ecuador por su poemario Piel Verbal. Ganó una mención de honor en el concurso de Hispanic Culture con Tremor de golondrinas. Y obtuvo el Premio Nacional de poesía Tijuana en 2019 con su libro Ofidias.

 

 

Te expandes lentamente con el huevo
hembra de las mutaciones
y desde la piel adversa de tu madre en trizas,
ensayas la primera muda.

Luego es mecanismo de supervivencia
reconocer en ti una mujer ajena
y cambiar la piel
para nacerte otra.

 

 

 

***
Anoche cuando regresé a casa
encontré un pájaro negro
aleteando en la habitación.
Intenté ayudarlo
abrí la ventana y dirigí su vuelo
lo más que pude
pero fue extenuándose.
¡Nada qué hacer para dañarlo menos!
Tardaba tanto en salir
que nuestra desesperación
se volvió agonía.
Y mucho me temo
que en lugar de salvarlo
lo maté.

 

 

 

***
narval

entre los bloques de hielo
y los fiordos circumpolares
asomaba su inmenso diente de marfil
los vikingos se lanzaron a la caza
y traficaban en Europa
el cuerno contra los venenos y la melancolía
sostuviste el imaginario de un mito
de caballos blancos y damas vírgenes
de la salud y la fortuna
servidos en copas de palacios medievales
oh cadáver de los siglos
tristísimo unicornio del ártico

 

 

ζ

 

Gabriela Vargas Aguirre (Guayaquil, Ecuador, 1984). Poeta y diseñadora gráfica. Por su primer poemario —La ruta de la ceniza (Editorial La caída, 2017)— fue beneficiaria de los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura y Patrimonio en la convocatoria 2016–2017. Resultó ganadora del II Premio Internacional de Poesía Vicente Huidobro, en el 2020, con su segundo libro Lugares que no existen en las guías turísticas, publicado en Valparaíso Ediciones (España, 2021). Consta en varias antologías de poesía ecuatoriana y latinoamericana como Bandada. Novísima poesía ecuatoriana (2014), Liberoamericanas. 140 poetas contemporáneas (2018) o País Imaginario. Escrituras y transtextos. Poesía. (2018). Ha sido invitada a varios festivales nacionales e internacionales como el Festival de Poesía de Bogotá y el Festival de Poesía de Lima.

 

 

Lugares que no existen en las guías turísticas

V

Solo cuenta hacia atrás.
Cuenta hacia atrás desde el número 3.
Las cigarras inundarán la habitación.
Nadie sostendrá tu mano.

Sentirás que dormir es como pensar
en esa cara que se llena de lunares
hasta volverse irreconocible.

Mi carnet de identidad dice que esta vez
NO debemos mencionar nuestro apellido.
Debemos dar un nombre común
para que nuestro caso se escurra en los historiales.

Pero soy la que cose el corazón de tu gato para que no se muera.
La que sostiene la mano de tu hijo mientras pinta una isla en un atlas.
Soy la que limpia la sala mientras hablas sobre organizar una marcha
y, en la marcha, tiro piedras desde el lado contrario.
Te prescribo medicinas cada vez que dices haber perdido la memoria,
pero soy la de falda verde, la que intentaste llevarte de la fiesta.
Lees sobre mí en una revista que censura las cifras porque somos demasiadas.
Escuchas sobre mí en la radio queriendo aprobar una ley que nos proteja de esto.
Conduzco el taxi que la lleva lejos, que la deja afuera de un lugar clandestino.
Soy la que escribe sobre esa tarde y espera que nadie llame y la denuncie:

Ella contó hacia atrás.
Contó hacia atrás desde el número 3.
Las cigarras,
la mano cayendo,
el lugar clandestino,
el taxi y su olor,
el metal entrado
y saliendo
como
un glaciar,
el goteo rojo,
la culpa,
el duelo,

el silencio.

 

 

 

VI

Dentro de este espacio cada madrugada nos sentamos en círculo.
Este círculo que somos es lo más cercano a tener un sol.
Las lupas, entonces, se convierten en artículos de inmensa importancia.

Tardamos horas en encender una vela
que pasó la revisión de tenencia sobre artículos peligrosos,
aunque no el fuego, todo fuego será considerado amotinamiento.
De los últimos amotinados, sabemos, que perdieron sus trompos
y no tendrán acceso al patio las próximas navidades.
Es posible que cuando los volvamos a ver hayan dejado de usar pantalones cortos.
Los veremos irse por una puerta cada vez menos enorme tal como entraron:
huérfanos.

La lupa, entonces, nos ayudará con la luz de la vela
a inspeccionar de cerca axilas y barbillas.
La crecida de pelo significará una sola cosa:
que ahora somos mujeres y hombres,
que se nos acabó el tiempo.
Que nuestros carnets de identidad amontonados en cajones
pasarán a ser problema de otras instituciones del Estado.

 

 

 

Palabras que no te enseñarán en el Kínder
(fragmento)

1.- Miedo

Mami, ¿por qué seguimos en pijama?
Explicarte verbos tristes como ¨encerrar¨
será lo primero que haré.
Luego, que para salir, falta un número incierto de lunas.
Es así el tiempo algunas veces, otras, lo medimos en tablas de mar.

Las horas son canciones infantiles sobre gatos que ya no escapan por los techos.

Este es el encierro, Cora, confundir las cosas hasta decir, por ejemplo:
cada azulejo en el baño es el fondo seco de algún río.

La canción te hizo llorar.

Te digo: vamos a salir
Te pongo tus mejores ropas, daremos vueltas en la terraza,
serán diez,
la perra nos seguirá como el sol,
subiremos las escaleras en un pie, te pondré tu disfraz de león
apagaré las luces y te contaré una a una la historia de cómo han ido desapareciendo los mamíferos.

Entonces, estarás por primera vez en desacuerdo…

Te veo llorar…

Mami, ¿por qué te vas si seguimos en pijama?
Explicarte verbos tristes como ¨escapar¨
Es lo que aprenderás cuando me veas huir hasta el carro
para coger la botella escondida debajo del asiento.

 

 

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Andrea Crespo Granda (Guayaquil, Ecuador, 1983). Premio Nacional de Poesía de Ecuador «David Ledesma», 2017 por el poemario Libro Hémbrico. Premio Nacional de Poesía de Ecuador «Aurelio Espinosa Pólit», 2016 por el poemario Registro de La Habitada. L.A. MONSTRUO es su ópera prima (Cría Cuervos, 2013) y forma parte de un trabajo poético diacrónico conformado por los libros inéditos Influencia Americana (Virtud de Desplazamiento) y Matinée (el cinematógrafo tropical). Ha sido productora de campo de algunos documentales sobre derecho a la protesta, la memoria/narraciones orales y migración (Estación Floresta, 2006; El lugar de las cirgüelas, 2009; Reportajes para TV de Catalunya, 2009) y Directora de Comunicación del Ministerio del Litoral, Directora Técnica del Consejo Nacional de Cinematografía y Asesora de Comunicación del Ministerio de Educación del Ecuador (2008, 2009 y 2011, respectivamente) desde estos espacios impulsó la gestión cultural en diferentes espacios-comunidades. También se desempeñó como Directora de Artes Literarias y Narrativas en el Ministerio de Cultura y Patrimonio desde donde desarrolló el Plan Nacional de Lectura y Escritura de Ecuador (2015-2017). Actualmente es docente en la Universidad de las Artes.

 

 

POEMA 1. Del Libro Hémbrico

La Autómata Corazón (Máquina corazón)

a)
Sitiada en el silencio, describo los bordes de la cama.
El cuarto está hecho de venas y algoritmos, de humores que destellan en su fulgor inadvertencias.

b)
Sitiada de oscuridad llega el movimiento y desplaza el ruido y las lamentaciones. Ofertorio de pelambre en mi cintura en donde los cirios coronan deslumbramientos.

c)
Las muescas tornasoladas privan de aire a la fuerza y encadenan los pulmones a las dormitaciones.
Brutalidad de entregarnos a la humillación de esta nada quebrando los labios.

d)
Sitiada en el filo de los aposentos, mi sangre envenena el retrato de familia, el cuerpo es un borde rugoso y metálico que acondiciona la brisa con su remolino de folios en los que se encuentra el destino que no tendré, que no sabré ungir de afecto.

e)
Silba la tarde en la pared contigua. El vecindario es rojo y violáceo como evangelio de niño. Un órgano se dilata con dolor reverso, arremeten los espejismos, los leitmotiv, el déjà vu del acorralado tálamo.

f)
Un pedazo de piel se abre con bisturí, muestra las capas dérmicas olorosas de minerales,
oro variado, rubí de azúcar enjaulando divinidad.
La portezuela del garaje, la frivolidad del quirófano, el alquitrán recordando la muerte,
mis amigos ya no son cercanos.

g)
Sitiada en soledad de péndulo,
la gama de enseres para el amor transforma a las autómatas en pequeños artefactos útiles de desconsuelo.

h)
Un corazón no es un corazón, no es un corazón, no será una rosa, es una puerta o un concepto disparando la última bala al centro del cerebro.

i)
Una autómata no es un artefacto, es un músculo (o acaso un empeño).

j)
Una autómata no será un corazón por no poseer rosas o una nomenclatura de venas.

k)
Una autómata brinca en los charcos de sangre y los líquidos hipotecados de hembra sitiada en el margen de la oscuridad. La nostalgia es lateral, empapela la disforia de los dientes que no cesan en su anhelo de tulipanes.

l)
Un corazón se sabe carne y fabricación de sayas.
Zurcido su funcionamiento al ritmo de un cadáver débil y defenestrado.
Cuerpo precario en un combate contra los dioses, contra el tiempo, contra la iridiscencia del hambre.

m)
Un trozo de tela y de máquina sangrante que recuerda las afrentas, besos equinocciales y esperanzas de dormitar ante el rumiar del piano, un soundtrack de repentinas imágenes de evocación

n)
No tenemos cuerpos, no somos cercas

 

 

 

La aborigen

Allí va, la aborigen
Cubierta de un barro rojo, amante de pasos
Allí va, miren su cuerpo y su nombre
Se pronuncia en el círculo de la frente
se dice como una cumbre de luna y el color de la tarde

La iglesia mengua. El armadillo resopla su azul presencia lenta
Su cabeza es una copa, catedral descolorida, rebosa en alcoholes

Allí va, con brotes de mangle crecido en el hoyo de los senos
Sinuoso su paso por el tejado agua, tejado cielo
Nube que insiste, corbata áurea y guirnalda, tajo de sangre en el ojo que aúlla la tribu.

Y al despertar, la belleza de una moneda cubierta de carne y remedios

Allí va, camina con el nombre colgando de la pierna de la liebre que sostiene en la mano izquierda: en la derecha un cangrejo aplanado, en la frente el recuerdo de dios. En la nuca, una colmena
Y se infla
Inflama
Sus riñones adheridos a las rocas
A la lama verde azul, manto primitivo

Allí va, sube por las calles en desconcierto, esto no es selva, ni jungla con oro obsidiana goteando en el celo del tucán

No. No es el aroma de la orquídea

Ella acuna a sus hijos en el lomo,
los amamanta con brotes de mangos para que alumbren junto a las flores el sonido tierno de las estrellas

Ella viste el hado del agua y su piel es corteza de papel brillante y tibio
Cubierta con el vestido del silencio
Con la noche de la ciudad aullándole en la punta de su espíritu

 

 

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Paulina Soto Aymar (Loja, Ecuador, 1973). Ha publicado los libros de narrativa: Muchachas Ocultas (2002), ¡Alas! (2006), Samay Pushac, Guardián de los Sueños (2014), Ciudad de Vírgenes (2016); de poesía: Caricias y Puñaladas (2009), En boca de Marte (2017), Prótesis (2020). Publica su tesis de grado: Antología poética de autores lojanos (2011), en coautoría con Darío Jiménez. Obtiene el primer lugar en el concurso de ensayo «Ángel F. Rojas» de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, con su obra: Loja, Cultura de Traje y Corbata (2013). Alcanza una mención de honor en el Festival de la Lira y la Pluma Lojanas 2011 con su poemario Inmaculada Concepción.

 

 

 

Glaucoma

Mi hermana camina dentro de un túnel
……que se derrumba

Ya no importa que las diosas
……hayan envidiado su cintura
……camina en una oscuridad súbita, que perfora

Yo no quiero seguirla

Unos duendes horribles le clavan las uñas en las córneas
el dolor se extiende hacia el fondo de su perspectiva
me dice: «Haráste ver»
……mientras tiembla por el horror

Yo no quiero seguirla

Sé que estoy en el filo del barranco
……triste animal acorralado
……prefiero las piedras filosas del acantilado
……a la amable mano blanca con olor de cloroformo
……que gana en dólares por manosearme el ADN

No es verdad que mis otros sentidos
……se vayan a agudizar provocándome placeres potenciados
……no soportaré el terror de las eternas sombras

No es verdad que el glaucoma provoque
……las mejores intenciones del corazón
……como la santa tía abuela enceguecida
……que murió en la paz del señor
……rodeada de los sobrinos que le dio el diablo

Yo no quiero seguirla

Y no dejo de preguntarme
……¿Cuántos segundos caeré si me arrojo por la ventana?
……¿Echarán sus plumas inmundas las palomas asustadas
……con el golpe definitivo de mis huesos contra el suelo?

 

 

 

Polvo al polvo

El día en que partiste
Llamé a la muerte
Y me acosté con ella

Me senté a esperar que se diluya
El golpe seco en el esternón
La estela grana de tus tacones
Y el polvo de las palabras desperdigadas
Que cayeron de tu fuga vacilante

Y murmuré su nombre
Aullé en su espalda
Cercené mi desconsuelo
Y vino a mí en un plácido sueño

Ella no es una anciana
De huesos grises y macabros, no

La muerte es una puta…
…una puta ardiente

Me hundí en ella como en un lago amniótico
Tibio y coagulado
Y encontré delicioso al orgasmo de las tinieblas
Como aquel que no pude encontrar en tu alma

Y me fui con ella
Al mundo onírico del delirio
Donde el semen se funde con las aureolas
Y se enreda en los cuernos

Tu luto mestizo me es indiferente, amor
Tus lágrimas bostezan sobre mis pestañas
Tus súbitos instantes de remordimiento
Se pierden en el hervor de la niebla

Aquí todo es olvido
Aquí todo eres tú

 

 

 

Trois

A veces me rindo
Ella y él encuentran mis obstáculos, mis candados, mis accesorios digitales
y, exploradores torpes
tratan de poner en marcha mis mecanismos secretos

A veces soy yo quien desmenuza
ataca, hiere, muerde y empalaga

A veces es el orden en línea recta:
seis pezones, dos vaginas, un falo con su correspondiente escroto
tres bocas
una nube de mosquitos, un cementerio de elefantes y un pantano desleído

A veces caos, entropía perfecta
un caldo que une todos los jugos sexuales

A veces la coreografía falla y me encuentro inerme en el segundo círculo
Dante, desconcertado, me mira a través de la espuma

En fin, la precisión es cuestión de paciencia

Pregunta: si somos tres, ¿quién fue el que inundó el baño?
¿Se comió la corvina que dejé marinando?
¿Rompió la tetera azul?
¿Deshilachó mi mejor bufanda?

¿Pensaban que todo era el húmedo ardor de la carne?
Alguien debe apilar los recuerdos
y guardar los silencios en los cajones
Alguien debe hablar con la casera
y refrigerar las zanahorias

Un orgasmo puede ser un intruso
cuando aparece en el sueño en el que caes
en la espera angustiosa de un examen médico
o al dar la lección de la tabla del siete

¡Ah! No quiero dar la impresión de que soy infeliz
Es posible alcanzar el nirvana a través del deseo
sobre la arena de las sábanas ensortijadas
le hincas los dientes al vientre hinchado del amor
y ves que revienta como un fruto maduro

Es un ciclo precario, eso es claro
va a durar menos que la última llamada
es el portal de un tiempo
detenido en la caverna de Platón

Por ahora
una niña y un sátiro
una condesa y un ángel
me acechan desde la cápsula oblicua que cuelga en el botiquín
se desperezan y lamen por igual desde su dominio
yo no le pertenezco a nadie, aunque llore cuando esté sola

 

 

ζ

 

Davina Pazos (Quito, Ecuador, 1973), reside en España, donde ha publicado: Hasta la muerte… ¡Carajo!, Lo que más me duele es tu nombre. Premio «Ernestina de Champourcín», 2007, Voces, Cadáver para un libro, Tempestades Beaux Crimes, Alcoholemia.

 

 

Si dejara mi vicio, qué sería,
a dónde iría a parar, con qué cretino,
qué tardes negras,
qué noches invadidas de silencios.

Espanto de llegar a cualquier mano,
al pecho que no sabe de resacas
y late como late una jauría
de perros muertos.

Mi vicio, si lo dejo, qué osadía,
qué sangre encaramada a los deseos
extrañaría; náufrago de mí
y yo sin vicio
cabeza de una estatua enmohecida,
yo brasero, sin él, sin brasa,
qué cosa simple, yo, si no lo tengo,
a dónde iría a parar, con qué cretino.

 

 

 

XIII

Nos miramos, entonces, suplicantes,
la vieja eternidad daba los pasos,
con una lentitud de llaga espesa;
Él soportaba roja la mirada,
las venas de los ojos rojas,

pupilas rojas y en lo rojo,
como enjuagándole la vista,
……llanto.

Fue casi nada y a la vez exceso;
yo apretaba su garganta con las manos,
hubo intento de grito por su parte,
……por la mía asombro.

Me miraba, ya dije,
sanguinolentamente,
como si quisiera decirme
……basta,
yo apretándole más le repetía…
……………………muere.

 

 

 

Un bocado de pan

Se me viene un cansancio por los ojos
y ganas de caerte sobre el pecho
como pena que cae y es hermosa,
como estatua que cae y es hermosa.

Y ganas de golpearte con mi llanto,
de deshacerme el cuerpo
encima de tu cuerpo y aplastarte
del peso de sin ti, de mi cansancio
que se viene a los ojos y provoca
una muerte encima de tu pecho.

Tú serías, entonces, tan hermoso…
Un bocado de pan mojado en llanto.

 

 

ζ

 

Ana Cecilia Blum (Guayaquil, Ecuador, 1972). Poeta y ensayista. Estudió Letras Hispánicas en Estados Unidos, Ciencias Políticas en Ecuador y Escritura Creativa en España. Autora de los poemarios: Descanso sobre mi sombra, 1995; Donde duerme el sueño, 2005; La que se fue, 2008; La voz habitada (Co-autora), 2008; Libre de espanto, 2012; Todos los éxodos (Antología Personal), 2012; Poetas de la Mitad del Mundo, Antología de Poesía escrita por Mujeres Ecuatorianas (Co-Antóloga), 2013; Áncoras, 2015; Rituales (Co-Autora), 2016; Donde habitan las palabras (Poesía Reunida), 2017; y, La Poeta, 2021. Ha sido invitada a leer su poesía en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Actualmente es editora de la gaceta literaria Metaforología. Es una sobreviviente de poliomielitis.

 

 

Los fantasmas vocean sus adagios

desde el entrecejo.
Mi cesta de delirios aparece.
El murmullo de un dolor obeso.
Escalofríos de oscuridades repetidas.
Casa vieja llena de miedos,
cuarto viejo lleno de miedos,
cuerpo viejo lleno de miedos.
Este apetito urgente de mortificaciones.
Este volcán quemándome los dedos.
Mi inconsistencia,
mi forma de hallar crepúsculo en el alba,
mi gajo de espinas,
mis lenguas afiladas,
mis odios,
mi fe gastada.

 

 

 

Los delirios siempre ganan sus apuestas

con esa forma en la que insisten diluir
la incumbencia cotidiana.
Los delirios suelen esconder
las puntas de sus vidrios,
proponen un camino
arriba de las tumbas.
Parecen que sonríen, pero es burla.
Son las balas-musas de la vida
y un día se descubren como tales:
Pozo seco en una mano,
culto de horas derrochadas,
metáfora repleta de alfileres.
Entendemos sin más trampas
que el delirio es la palabra
y nos ha ganado y siempre gana.

 

 

 

Un poema es agua que se escapa

inútil para inventar el mundo
aunque lo intente;
inútil para curarnos la tristeza
aunque lo intente.
Un poema es una guía escrita sobre arenas
que impiden tejer la vida con aciertos.
Tal vez algunas luces diminutas,
tal vez algún sosiego,
un dulce para el ego;
más de aquello no le exijan
porque el libro que escribimos
bien puede olvidarse y nada pasaría,
no es imprescindible,
no es exacto como el Álgebra de Baldor
que tanto repudiamos en la escuela.
Esto que lees (esto que escuchas) es
mínimo ante un planeta que se extingue,
mínimo ante un planeta que extinguimos.

 

 

ζ

 

Aleyda Quevedo Rojas. Poeta, editora, ensayista literaria, comunicadora, curadora artística y gestora cultural, (Quito, Ecuador, 1972). Ha publicado 10 libros de poesía. Cinco de los cuales tienen segunda edición en cinco países. Las editoriales independientes La Castalia y Ediciones de la Línea Imaginaria, acaban de publicar en su colección digital Alfabeto del Mundo, su libro «Ejercicios en aguas profundas», disponible para descarga gratuita en: https://edicionesdelalineaimaginaria.com. «Cierta manera de la luz sobre el cuerpo» es la antología casi completa que reúne su obra y que fue publicada por la Casa de la Cultura Ecuatoriana con un amplio estudio del crítico y escritor cubano Jesús David Curbelo. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía «Jorge Carrera Andrade» con su libro: «Algunas rosas verdes», reeditado por Fondo de Animal Editores, al cumplirse 20 años de su primera edición. Sus libros «Soy mi Cuerpo» y «Jardín de Dagas» han sido traducidos al francés y este último publicado en Francia. Actualmente es coeditora, junto a Edwin Madrid y José Gregorio Vásquez, de la colección digital de poesía Alfabeto del Mundo que ha publicado 32 libros de poesía de autores de España, América Latina, El Caribe y Costa de Marfil; y trabaja como consultora de comunicación, educación superior en artes y especialista en artes literarias. Fotografía autora: Alexis Zaldumbide.

La composición que ilustra este paisaje de Abisinia fue realizada a partir de:
Tardecitas en blanco y negro
Dibujo
© Jorge Lopez

 

año 2 ǀ núm. 9 ǀ enero – febrero 2022
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , Last modified: enero 14, 2022

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