Escrito por: 12:12 am Latinoamericana, Poesía

Cinco poemas para un hijo muerto

Leticia Cortés

 

Una picaflor le trabaja el sexo.
Ella brama y llora.
Y el pájaro no se detiene.
MAROSA DI GIORGIO

 

UNO

NADIE entendería nunca.
Si les hablo del sonido frío,
del agua que lava el sexo.
Bramo y lloro.
Pero no digo nada.
Nadie
nunca
lo entendería.
El camino estrecho.
La fuerza empleada para subir.
El cuerpo de una camilla a otra.
La sala del quirófano.
Nadie.
Nunca.
Abrir las piernas.
Mostrar el sexo.
Coágulo que altera la vida.
Alguien se acerca.
Vienen por mí.
Ropa especial.
Trajes quirúrgicos.
Alguien se acerca.
Antes de la anestesia
: vendajes en piernas
brazos perforados
medicamento y suero
Ropa de quirófano.
Y todo porque a veces
el cuerpo
es área restringida
área no estéril
Todo porque a veces
es necesario
evitar
toda contaminación.
Todo invierno.
Nadie entendería este frío.
Febrero.
2015.
Invierno.
Un reloj analógico.
Dos agujas.
Testigos de todo lo ocurrido.
De todas las historias.
De aquellos
que nacieron
o murieron aquí.
También de mi historia.
11:28 de la mañana.
Quirófano 2.
: tu corazón fue línea horizontal.

 

 

DOS

NADIE entendería nunca
del agua que lava mi sexo
que se prepara
para recibir
la vida muerta
que expulso.
No lo diré,
nunca,
a nadie.
De las contracciones
a media noche.
Del miedo
al vómito.
Del miedo
a la sangre.
Del miedo
a la hemorragia.
Del miedo
a la expulsión.
Del miedo
a verte muerta.
Nunca.
Nadie entendería
ese miedo
terrible
a la sangre.
A la secreción.
Boca arriba fui
más animal.
Más débil.
Más indefensa.
Boca arriba.
Piernas abiertas
sexo descubierto.
Sangrando.
A punto de sufrir
hemorragia.
Boca arriba.
Sedación.
El paisaje que deseo
aparezca
frente a mis ojos.
Mi cuerpo débil.
No quería ceder.
Los glúteos aferrados
los glúteos aferrados
a no caer.
A no caer.

SEDACIÓN.
Quise imaginar algo bello
para no aterrarme tanto.
Imaginar el galope del caballo que esperaba ver.
Pero tu corazón fue
una línea horizontal.
Sólo venía a mi mente
la imagen de una caída.
Sólo venía la anestesia.
La fragilidad del cuerpo que cedía.
Que cedía.
Resiste.
Nadie entendería nunca.
Trataba de concentrarme.
Pensar en algo bello.
Nunca me parecieron tan agresivas
unas lámparas.
De quietas de pronto giraban.
Se acercaban.
Me insultaban.
Preguntas.
Sólo quería pensar
acaso en bosque, en agua, en una flor.
Limpiaban mi cuerpo con agua.
Sangre.
Memorias.
Voces.
Resiste.
Nunca.
Nadie.
Entender.
Toda imagen se desvanece.
Anestesia.
Reducir.
Bloquear el dolor.
Ausencia.
Inconsciencia.
Ningún dolor.
No recordar.
Resiste.

 

 

TRES

NUNCA nadie entendería.
De mi colibrí que nunca apareció.
Ni su eco.
Yo bramaba y lloraba. Y el pájaro no se detenía.
Un picaflor me trabajaba el sexo.
La agitación de sus alas.
Su lengua disipada.
Resiste.
Todo colibrí guarda un secreto.

NADIE.
En mi útero
un néctar fino
y acuoso alimentaba al colibrí.
Pero luego solo.
Y la miel se convirtió
en sangre violenta y tierna.
Sangre
que esperé
nunca ver.
Imaginaba ahora
un desierto con flores marchitas.
Luego la tormenta.
Resiste.

Y EL MIEDO.
Encontrar
al final
un desierto en el cuerpo.
Nada fértil ya.
No decir nunca más
sed, hambre, frío.

 

 

CUATRO

NUNCA nadie entendería.
El miedo al reclamo.
Nunca
había sido
tan oscura
una habitación
nunca
mi cuerpo
nunca
tan vacío
el pensamiento
nunca.
No tuve
la suficiente fuerza
para sostener
con el vientre
un colibrí.

NUNCA.
No tenía
tan preciso tu nombre.
Por eso
te llamaba Luna,
amor,
Colibrí.
Resiste.

PENSÉ
que podía tener el cuerpo
lleno de aves.
Pero sólo tenía
misoprostol.

 

 

CINCO

A VECES la sangre se muda
su olor se convierte
en una amenaza
en un ave salvaje
en una flor nuclear.
¿La has escuchado?
La noche
nunca fue
tan agresiva.
Nunca mis dedos
tan escondidos de mí.
Había que desechar
líquidos del cuerpo
pero daba miedo la sangre.
Daba miedo la hemorragia.
Nunca
creí tenerle
tanto miedo
a la sangre.

 

Del libro Cinco poemas para un hijo muerto

 

Leticia Cortés. Guadalajara, México. 1980. Autora de los libros de poesía Lámparas de sueño, De tu ausencia y mis pérdidas, Habitar la muerte y Cinco poemas para un hijo muerto. Ha sido becaria del PECDA en el 2006 y del CECA en el 2011 y traducida al inglés, francés, portugués y catalán.

La composición que ilustra este post fue realizada a partir de una fotografía de la artista Laura Makabresku
año 1 ǀ núm. 2 ǀ noviembre – diciembre 2020
Last modified: noviembre 27, 2020
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